Migdonio Blandón B.
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La paz y el amor son el elíxir indispensable, que con la vida DIOS  nos da, incluido indistintamente al privilegio que todos los humanos recibimos al nacer; y que son el positivo y esencial alimento de la subsistencia humana; pero si se hace caso omiso de tan básico elemento que es necesario para vivir a plenitud, de hecho se desvirtúa el privilegio recibido, y se cae en situación peor  que en la de los animales, pues para ellos con la vida todo termina; pero el humano va a su merecido destino.  

DIOS ha sido infinitamente misericordioso y paternalmente amoroso, con sus dones y el especial privilegio, de reconocernos a todos como Sus hijos; y de una u otra forma nos ha hecho partícipes y coherederos de los múltiples bienes  de Su creación, dejando gran parte de la administración de lo material en manos de la humanidad; y para ello, también nos ha dejado el patrimonio del bien, para que tratándonos como hermanos saberlo todo compartir. 

Para ello el Omnipotente Creador del universo entero y toda la existencia, con su sabiduría infinita y como dueño  absoluto del tiempo, en épocas distintas y cuando lo creyó necesario, para mejorar la convivencia humana, se ha valido de valiosos elementos; así viendo el desvío de la humanidad proliferarse, se valió del profeta Moisés, para darnos  el Decálogo del Sinaí, que se concretiza en su primer mandamiento: AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS Y AL PRÓJIMO COMO A SÍ MISMO.

Las corrientes y seculares desviaciones, haciendo uso indebido y arbitrario de los magnánimos dones de ÉL recibidos, gran parte de la humanidad caprichosamente, desconoce a Su Creador y por ende  sus leyes; viviendo en el desorden y siendo así víctimas propicias de Satanás, que recorre el mundo para atizar su fuego infernal; y cuyas víctimas, al ignorar a DIOS y el cumplimiento de sus leyes, ignoran también que sus mandatos son la única llave para salvarse y trascender a su reino. 

Incluso los agnósticos y ateos en general,  en el transcurso del tiempo y por distintas generaciones de una u otra forma con el avance de la civilización, les han servido dichos principios para la formación de sociedades distintas y vivir así como personas civilizadas, teniendo para ello que ajustarse a una buena parte del texto del antiguo Decálogo dictado por el Supremo Creador con la finalidad de mejorar la vida humana en general.

Puede decirse que el ser humano en ninguna civilización pudo haber tenido, algo similar a la paz y el amor, sin haber extractado parte de lo esencial de la sabiduría del Decálogo, aunque haya sido de formas distintas; pues además de todo y para todos, es la fórmula eficaz para vivir hasta la eternidad, y también  nomás para el  tránsito de la existencia, el limitado tiempo que a cada uno se nos da; y que sabiendo aprovecharlo con el debido respeto  disfrutarlo  y  vivirlo a plenitud.

La paz y el amor son sinónimo de felicidad, la que cada quien recibe con el patrimonio del bien; y que DIOS como Padre amantísimo  indistintamente también con la vida a todos nos da, incluso a quienes nacen con aptitudes distintas; ya que solamente reconociéndole como padre y haciendo uso positivo de dicho patrimonio el que con mayor énfasis se disfruta si espiritualmente  se trata de vivir lo mejor posible la doctrina cristiana con el debido respeto a sus  leyes.  

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus