Adolfo Miranda Sáenz
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los terroristas del llamado “Estado Islámico” (EI), más conocido como ISIS por las siglas en inglés de “Estado Islámico de Irak y Siria”, obtendrían su mayor victoria si logran que el mundo considere su guerra como una guerra religiosa islámica. O sea, si reconociéramos sus actos barbáricos, sanguinarios y terroristas, como una expresión propia del islam, como una guerra del islam basada en motivaciones religiosas. Por supuesto que la guerra terrorista de ISIS no es una guerra religiosa, no es una guerra del islam. Existen en el mundo 1,500 millones de musulmanes, de los cuales quizá un 5%, como máximo, simpatizan con ISIS o con otros grupos terroristas como Al-Qaeda. Al menos el 95% de musulmanes son personas pacíficas. Y por supuesto tampoco es una guerra de los árabes, que forman una raza donde hay musulmanes, cristianos y de otras religiones, en su inmensa mayoría personas buenas, generosas y pacíficas. 

A raíz del ataque terrorista de ISIS en Bruselas varios sicólogos y sociólogos de Europa y EE.UU. que han estudiado a fondo el fenómeno del terrorismo, algunos de ellos asesores de la seguridad nacional en sus países, expresaron en un panel organizado por la televisora española Antena 3, que el típico terrorista de ISIS no es un hombre muy religioso, no es un devoto practicante del islam, como han creído algunos. Que tal estereotipo es precisamente la imagen que ISIS quiere “vender” al mundo porque le conviene revestir su guerra de una “aureola de religiosidad” que es falsa, pues sus motivaciones son exclusivamente políticas. Lograr que el mundo “compre” esa imagen religiosa les ayudaría a conseguir más simpatías y miembros. 

El típico terrorista de ISIS –afirman los expertos- es un musulmán no devoto, no practicante (como nosotros también tenemos cristianos “de nombre”, nacidos en familias cristianas que “heredaron” la religión de sus padres, pero sin tener una verdadera fe ni práctica religiosa). Generalmente son personas que del islam conocen muy poco, por no decir nada; gente a veces marginal, frustrada por una vida de fracasos y con fuertes resentimientos políticos y sociales. ISIS los recluta y usan las enseñanzas del Corán (manipuladas, por supuesto) para ofrecerles un desahogo a su odio como un “ideal” por el cual vivir, que le dé sentido a sus vidas extraviadas y una muerte “gloriosa”, con la seguridad de que saltarán de su existencia oscura y anónima a la fama mundial, y su muerte, como una “heroica inmolación”, los conducirá a un paraíso fantástico (también manipulando las enseñanzas del Corán).

Es cierto que en la historia encontramos importantes guerras religiosas islámicas, como la invasión y conquista de España. Pero eso es parte de una etapa de la historia ya superada. Una historia triste de la cual ninguna de las grandes religiones está exenta. Los judíos tienen una historia milenaria de conquistas y masacres en nombre de Dios. Los cristianos tenemos nuestra propia historia oscura: las cruzadas y la conquista de América, arrasando pueblos y matando inocentes en nombre de nuestra religión. Por eso debemos tener cuidado de no emitir juicios antimusulmanes o islamofóbicos a la ligera y recordar aquello de que “quien esté libre de culpa tire la primera piedra”. Al fin, son cosas de otros tiempos y circunstancias. Hoy 1,500 millones de musulmanes no deben ser estigmatizados, ni por su historia ni por la maldad de un grupo minoritario.

Lamentablemente algunos han “comprado” lo que a ISIS le interesa “vender”, haciendo creer que su terrorismo --estrictamente político-- tiene una motivación religiosa, y no un disfraz religioso, como es en realidad. No caigamos en esa trampa. No les permitamos obtener su mayor victoria.

Abogado, periodista y escritor

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus