Jorge Eduardo Arellano
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Fechada el 13 de julio de 1926 en el Mineral de San Albino, Las Segovias, está dirigida a doña América Tiffer de Sandino, su madrastra. El original manuscrito en papel rayado y a grafito lo conserva Berta Mery, viuda del poeta nicaragüense Salvador Murillo, a quien se lo obsequió en los años 50 su cuñada Zoila América Zambrana de Murillo, sobrina carnal de Sandino. Salvador me facilitó una fotocopia y yo la transcribí y comenté en La Prensa (15 de febrero, 1998), calificándola de reveladora. Más tarde la reproduje facsimilarmente en el núm. 51 (septiembre, 2001, p. 76) de la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y resumí su contenido en las dos ediciones de mi Guerrillero de nuestra América (2006 y 2008), ambas lanzadas por Hispamer.

Sin embargo, es ignorada por la más reciente, hermosa, bien escrita y totalizadora investigación sobre el tema de Alejandro Bendaña: Sandino / Patria y libertad (Anamá ediciones, 2016) amplía y supera sus anteriores aproximaciones. Por eso la ubicaré, de nuevo en su contexto histórico. El joven liberal de 31 años ya trabajaba en San Albino. El caudillo conservador Emiliano Chamorro, tras “el lomazo” del 25 de octubre de 1925, gobernaba de facto. El 26 de enero de 1926 Carlos José Solórzano, presidente constitucional, había renunciado. Los liberales, levantados en armas, se empeñaban en el apoyo de México para colocar en la alta magistratura a su vicepresidente constitucional Juan Bautista Sacasa, electo con el 57.2% de los votos. Sandino en la fecha indicada escribía:

Señora América de Sandino / Niquinohomo // Mi estimada madrastra; reciba por medio de la presente el sincero saludo de su entenado que no la olvida. // Hace dieciocho días que estoy trabajando en este mineral y pienso estar aquí solo poco tiempo. Hoy le envié un telegrama a mi papá preguntándole si me había llegado algo de México, para que en caso afirmativo me envíe lo recibido a este mineral.

Según este primer párrafo, requiere de dinero. No es cierto, pues, que vino con miles de dólares ahorrados, como lo ha difundido cierta mitología poética. Por otra parte, las relaciones de Sandino con su madrastra se revelan respetuosas. Esta carta y otras anteriores ––como la enviada desde La Ceiba, Honduras, el 26 de mayo de 1918, a sus 23 años–– lo indican. En el segundo párrafo Sandino prosigue: …no me siento feliz; ya no me gusta el sistema de vida de por estos rumbos y creo que me regresaré a México, tan luego yo gane para el pasaje. Está, como se observa, descontento, inquieto, sin esperanza, hasta el grado de pensar otra vez en rodar fortuna, retornando al país donde ha vendido su fuerza de trabajo. Y en el tercero no puede ser más sincero: …Ud. sabe que yo no tengo capital para trabajar aquí, y para vivir solo de los brazos, es mejor por otros países.

¡Qué hermosa frase significativa de la tentación viajera del “nica”!

En resumen, el futuro guerrillero antimperialista no se vislumbra como tal, ni aparentemente se muestra decidido a participar en el conflicto bélico que se había iniciado. Se confiesa con doña América Tiffer de Sandino, puntualizando su vicisitud personal y su categoría de “entenado” o hijastro. Además, utiliza el sustantivo “saludes” ––no saludos–– de la lengua coloquial nicaragüense.

Lo que sucederá después ya es conocido: el fracaso de las conferencias del barco Denver entre liberales y conservadores, con la mediación estadounidense, a partir del 16 de octubre de 1926 en el puerto de Corinto; el depósito del gobierno de Chamorro ––no reconocido por los Estados Unidos–– en el senador de la República Sebastián Uriza, quien traspasaría el poder a un nuevo presidente: Adolfo Díaz; y el reinicio de la ofensiva liberal desde la Costa Atlántica, que incluyó la columna revolucionaria de Sandino, hasta culminar la llamada Revolución Constitucionalista con el pacto del Espino Negro el 4 de mayo de 1927. Pero se ignora que el 3 de septiembre de 1926 ––cincuenta y dos días después de redactarse la carta que comentamos––, don Gregorio Sandino entregó, como contribución forzosa a la Junta de Desagraviados de Niquinohomo, la cantidad de 250 córdobas. ¡Una alta suma entonces! Pero desde el 14 de mayo, se le había extendido una constancia a las autoridades civiles y militares de “Los Pueblos” para evitar el reclutamiento de operarios en su finca de café.

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