Manuel Espinoza J. *
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Los objetivos de política exterior de los EE.UU. ocultos en  la acción  de normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba son entendibles desde los réditos tácticos hasta los estratégicos.  Más claras son para los cubanos, que tienen 57 años de relaciones con serios intereses en pugna.

Es fácil especular sobre los intereses de política exterior cubana como se ve permanentemente en los medios pronorteamericanos. Que si Raúl Castro teniendo a sus hijos copando los principales centros de mando y poder de la política interior cubana, serán los mayores beneficiados de estas nuevas relaciones. Que el apuro de Cuba se debe a un derrumbe inminente del gobierno de maduro en Venezuela, y la reducción de todos los vínculos de cooperación.

Que a la nomenclatura ya no le interesa el proceso revolucionario por ser octogenarios todos. Que han perdido el poder de orden y represión del pueblo cubano; son apenas parte de criterios, que dichas fuentes establecen con mayor importancia  sobre otros objetivos de mayor relevancia.

El Estado cubano como actor político tiene intereses que van más allá de los anteriormente señalados. Me refiero a  los  de corte geopolítico y social, que realmente  representan  valores estratégicos con posibilidad  de cambiar del status quo.

De ahí que los temas que consoliden al Estado cubano y su nación en materia de recuperación de la base de Guantánamo, soberanía completa sobre el territorio, que esta ocupa, y el fin del embargo son temas-objetivos que más proporcionan la superación a distancia y modificación de la situación actual.  

Al establecer abiertamente sus posiciones y objetivos en el marco de la normalización de las relaciones diplomáticas, los cubanos  han puesto una camisa de fuerza a los EE.UU. y su  accionar psicológico e informativo en la guerra por derrocar al régimen con su poder blando e inteligente.  La actuación  de Obama en toda la agenda durante la visita a Cuba es una clara demostración y uso de estos poderes. O refinan sus acciones agresivas o las suspenden en aras de lograr normalización de relaciones no solo diplomáticas sino comerciales y financieras. Pero la continuación de las primeras  puede impedir  las últimas.

La superación del embargo, ha sido una constante de la estrategia cubana. Este ha sido superado sin su levantamiento  por parte de los EE.UU. Más bien la complejidad para los cubanos radicará en adecuar las nuevas posibilidades y réditos que proporcione la normalización de las relaciones con los Estados Unidos en su afán de reforzar el modelo económico bien practicado en la isla y sin renunciar a sus valores que lo fundamentan.

Como en un plano cartesiano (de X y Y), Cuba tiene metas realizables que se proyectan  más por sus logros a distancia, que por su preferencia. Me refiero a un punto de partida desde (X) donde la recuperación de la base en Guantánamo, su territorio ocupado  y la anulación de la política de embargo son parte de los puntos de progreso a conseguir.  En cuanto al eje vertical de (Y) este marca solo la preferencia con las que desea  tener relaciones de paz y respeto con los EE.UU., pero en este eje sin duda alguna hay otros actores internacionales que compiten  con  los norteamericanos.

Conociendo la capacidad y experiencia de la diplomacia cubana, sus centros de investigación sobre los EE.UU. y sus órganos de seguridad e inteligencia, las bases, estructuras, valores y de conducción política; está más que claro, que la matriz de amenazas y debilidades provenientes de este proceso de normalización de relaciones con los EE.UU. han sido más que integradas en una matriz de reacción. De ahí, que quien y como le pondrá el cascabel al gato está por verse. Si algo que no ha dejado de demostrar el proceso revolucionario en Cuba es su enorme resistencia, firmeza y decisión de mantenerse aun cuando a su lado ya no hay nadie a la par o en la retaguardia.

Mente fría y Corazón ardiente en su cohesión Estado-Nación es lo que más ahora necesita la isla.

*Analista Internacional.

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