David J. Rocha Cortez
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En este artículo tomo como punto de partida la idea de Derecho de Ciudad desarrollada por Etienne Balibar en el libro del mismo nombre. En dicho texto, el autor toma como centro fundamental la idea de “la frontera en la construcción de ciudadanías en estados democráticos”. Este concepto, no solo funciona para delimitar espacios físicos, también funciona como marco para las ideas. Balibar, revisa ciertas prácticas y representaciones de la frontera con respecto a la creación de ciudadanías.

Esta idea me lleva a pensar en la construcción de los espacios de homo-socialización en la ciudad de Managua y la relación periférica que tienen con respecto a los lugares construidos desde la hetero-normatividad. Entenderemos un espacio de homo-socialización como aquel lugar definido por las prácticas sexo-afectivas entre varones, sin centrarse en sus identidades sexuales.

En medio de la organización policéntrica de Managua, han surgido zonas de encuentros sexo afectivas para varones, lo que complejizan la geografía capitalina. Estos espacios permean la ciudad y son visibles ante la mirada discreta de los sujetos/usuarios. El diseño urbano de la ciudad, sus memorias e imaginarios, han sido trazados desde la heterosexualidad nacional que estructura espacios para las ‘ciudadanías puras’. Como heterosexualidad nacional entendemos en este artículo, aquellos discursos emitidos desde diferentes instituciones que centralizan la sexualidad en las prácticas heterosexuales.

Leyendo nuestra capital desde la ‘teoría queer’ podemos encontrar en ella la proyección normativa de las relaciones heterosexuales. Las prácticas socio-espaciales desarrolladas en lugares públicos proyectan la vida íntima intersectada por los valores familiares, el emparejamiento y el parentesco creando un sentido de comunidad.

Dicha comunidad crea ciudadanos que ejecutan estas prácticas sobre la capital construyendo fronteras entre los espacios: los erigidos y diseñados desde la heterosexualidad nacional; conforman la centralidad urbana. Mientras que los espacios homo-sociales; conforman la periferia fugaz y circundante.

Espacios de sexo en público, cines de películas pornográficas, bares, discotecas, calles, parques, paradas de buses, van conformando un itinerario que nos lleva a recorrer la ciudad con otro movimiento; nos lleva a romper la frontera de la “ciudadanía pura”, aquella a la que le ha sido otorgado el derecho de ciudad, el derecho a la expresión afectiva en público.

Las fronteras, sobre todo las construidas en el mapa de las ideas, que marcan los espacios de homo-socialización como territorios urbanos periféricos, me llevan a pensar en el sitio que aún ocupan nuestras prácticas sexuales dentro del imaginario.

Las fronteras me llevan a cuestionarme la posición pasiva que hemos encontrado al acomodarnos a estos espacios de homosocialización. Pienso en la subversión urbana como gesto político que haga visible nuestras prácticas sexuales o en la mirada silente, fugaz y esquiva que nos siga manteniendo en la periferia de nuestro derecho de ciudad.

*El autor es Titiritero.

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