Gustavo-Adolfo Vargas *
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La agenda de la derecha latinoamericana no ha variado, es la misma. Por un tiempo las clases dominantes dejaron de lado la técnica del golpe de Estado, por el neoliberalismo de los años 70 y 90 del siglo pasado. Hoy lo retoman las grandes empresas transnacionales y la derecha política, económica y social; quienes apuntan al populismo, la corrupción y la amenaza exterior del narcotráfico, terrorismo y movimientos antisistema.

En el breve periodo entre 1990 hasta 2002, se dio el fallido golpe contra el gobierno del presidente constitucional y democrático de Venezuela, Hugo Chávez. Desde entonces, los llamados golpes de guante blanco, se compatibilizan con las armas de guerra sicológica comunicacional y acciones desestabilizadoras de orden económico, político e internacional.

En 2009, el golpe cívico-militar contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, se convirtió en un punto de inflexión.

En 2012, el derrocamiento del presidente Fernando Lugo, en Paraguay, dio la bienvenida a los golpes consensuados ente los poderes del Estado.

Actualmente, en Brasil la derecha pretende forzar la dimisión de la presidenta Dilma Rousseff. La grama es posible gracias a una izquierda débil, cuya desarticulación se remonta a los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso e Inácio Lula da Silva.

Es obvio que se trata de un golpe de Estado rompiendo cualquier consenso democrático, colocando como argumento central la corrupción, desplazando a un segundo plano la política económica y social para derrocar gobiernos.

De tener éxito tal operación, planeada por los empresarios y el capital transnacional, respaldada por Estados Unidos y la eurozona, se proyectarían más golpes de Estado, donde figuran políticos, jueces, fiscales y tribunales. El Poder Judicial reemplazaría a las fuerzas armadas, apoyado por el Poder Legislativo.

El siglo pasado (Años 90), se caracterizó por la reforma del Estado, el abandono de la inversión estatal y las políticas públicas redistributivas. El proceso desregulador y las privatizaciones fueron las armas utilizadas para desmantelar el movimiento obrero y sindical, atacando a los partidos de la izquierda, declarándolos obsoletos.

La caída del muro de Berlín fue interpretada como fin de un ciclo histórico. Para los acólitos del neoliberalismo y la globalización fue el fracaso de la utopía socialista.

En América Latina, dicho argumento fue adornado con reflexiones teóricas de la obra de Jorge Castañeda, La utopía desarmada (1993), que revela la antipatía de los dirigentes de la izquierda latinoamericana, los que presenta como mafiosos proponiendo trabajar para consolidar la hegemonía estadounidense.

Completaron esa visión con El manual del perfecto idiota latinoamericano, escrita por Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner y Plinio Apuleyo Mendoza, donde el argumento fue sustituido por el insulto. Ambos textos cobraron protagonismo a través de los fondos que designaron para potenciar la guerra sicológica contra el enemigo interno; esto a favor del predominio de la doctrina neoliberal.

El detonante en Latinoamérica, fue marcado el 20 de diciembre de 1989, con la invasión a Panamá, por parte de los marines estadounidenses. Seguido por la derrota electoral del FSLN en Nicaragua, el fracaso del Frente Farabundo Martí (El Salvador) y la represión en Guatemala.

El fin de las dictaduras militares en el Cono Sur y la apertura de procesos electorales fueron interpretados como un periodo histórico que marcaron la consolidación de la democracia representativa. Al mismo tiempo que fue popularizada la versión idílica del neoliberalismo.  

Bajo el paraguas de la economía de mercado, todos buscarían conseguir sus metas para prosperar, aumentar sus bienes y ascender en la escala social, sin enemigos internos ni externos, solo tratando de administrar el orden neoligárquico.

Los proyectos emancipadores en: Bolivia, Ecuador y Nicaragua, el bolivariano en Venezuela, junto a gobiernos nacionalistas en Argentina, El Salvador y República Dominicana, entre otros, fue suficiente para sacar del armario la técnica del golpe de Estado. Si alguna vez se durmieron tales golpes de Estado, ahora regresan nuevamente a la agenda de la derecha latinoamericana.  

Diplomático, Jurista y Politólogo.

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