Orlando López-Selva
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Panamá está de moda. Y no por razones del canal, el espíritu alegre y amable de su gente, o su acostumbrado crecimiento económico vertiginoso.

Los documentos de Panamá salieron a luz revelando que hay millonarios ocultos en todas partes del mundo que prefieren guardar su dinero o valores en empresas en el extranjero (offshore).

¿Es un escándalo?

Y Panamá --prestigioso centro financiero mundial-- ha servido para que políticos islandeses, rusos, argentinos, chinos, venezolanos, entre otros, hoy salgan a luz por una filtración periodística que pone en entredicho la calidad moral de muchos líderes políticos.

Que haya líderes occidentales que pongan su dinero en una institución fuera de su país, no es problema. Acá se vive del lado del capitalismo que pregona el crecimiento de la riqueza. No hay contradicción con los valores occidentales de la democracia. Pero que estén involucrados 3 funcionarios chinos (más 4 parientes) que se jactan de su credo comunista, es cuestionable.

¿No pregonan que la acumulación de la riqueza es contraria a los ideales del comunismo en favor de los pobres?

La cuestión es que ante la publicación de tal información, China ha tomado medidas para que no se divulgue, por las redes, nada que esclarezca o brinde mayor información sobre el caso.

He aquí un ejemplo de los dos tipos de regímenes enfrentados hoy en el mundo: la democracia que todo lo permite --incluso cuando esto sea contrario a los intereses de sus propios líderes--; y los regímenes autoritarios, donde las acciones de los líderes son manejadas en el mayor secretismo.    

La base de la democracia es la libertad. En los países de valores así, la libertad de pensamiento e información no son delíctivas; es primordial para mantener una auditoria pública de los que sirven a los ciudadanos. Hay un deber de informar, no de ocultar. Todo se hace público, se ventila, porque los funcionarios públicos deben rendir cuentas de sus acciones ante quienes les escogieron y sirven. Y se les debe responder.

Las autoridades del Kremlin no han perdido tiempo al decir que todo es una campaña contra Vladimir Putin.

Deberíamos asumir que cuando un líder es señalado, lo primero que debería hacer es presentar evidencia de inocencia para desmentir o refutar cualquier insinuación malintencionada.

Pero los hallazgos y revelaciones escandalosos no pueden ser tomados a la ligera. Las decisiones de las autoridades constituidas tampoco deben mostrar que lo dicho debe estar prohibido, porque ipso facto, todo se torna en complicidad autoritaria para esconder información que podría ser muy reveladora.

La ética pública difiere de la privada en que la primera obliga a las autoridades a rendir cuentas de sus actos ante sus conciudadanos. Mientras que la privada, solo ante quienes les contratan.

El régimen chino actual, aunque económicamente sea una potencia, dista mucho de ser un modelo democrático. Sus prácticas solo responden a un interés --por cierto, muy ecléctico-- de crear un sistema que implante políticas de apertura de mercado; pero apegado a viejas prácticas marxistas de mantener un control férreo del poder público, sin respeto a la disidencia, ni tolerancia por otras ideologías u opciones que puedan disputarle su monopolio político.

Beijing confirma su política de ¡libertad para hacer dinero, a los empresarios; y bozal y cárcel, para los disidentes!

En este sentido, el modelo chino de capitalismo amarillo o dictadura-con-mercado, responde a circunstancias de peligro: al derrumbarse la Unión Soviética, Beijing tenía que poner a Mao en primera fila mientras veían fallecer a Lenin. Así floreció un modelo de sobrevivencia. Este modelo autoritario de economía capitalista que, bajo ciertas reglas y controles, permite desarrollarse, industrializarse y transar con el mundo libre.

El régimen chino actuó sabiamente porque en el alboroto del derrumbe y el ruido de las piedras que caían, crearon un modelo alternativo para las dictaduras izquierdistas. Este se  convirtió en plan “B” u opción de escape para quienes no podían creer que sus dioses embriagados y pontífices errados nunca resucitaron de sus tumbas; tampoco condujeron a millones de obreros y campesinos a un paraíso inexistente.

La realidad era degradante, cruel. Primaba la sumisión al partido único o la alternativa era ergástulas, patíbulos, gulags, y campos de concentración.

En todo caso, la reacción de los regímenes chino y ruso actuales, solo confirman que el repugnante ejercicio de la censura estatal confirma que el engaño y la mentira son  tácticas apuntalantes de sus dictaduras disfrazadas.

Como consecuencia del escándalo de Panamá, el Primer Ministro islandés renunció.

¿Quién se atrevería en China o Rusia?

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