Adolfo Miranda Sáenz
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La mayoría de nicaragüenses que viven en EE.UU. se fueron por razones políticas o económicas a raíz de la toma del poder por los sandinistas en 1979 y durante la década de los 80. Contrario a la mayoría de hispanos que apoyan al Partido Demócrata, esos nicas apoyan en su mayoría al Partido Republicano. Los hispanos en general son demócratas porque ven en ese partido una política más favorable para la clase media y la economía del país, así como más sensata ante los inmigrantes ilegales que llevan muchos años residiendo allá, y una política internacional menos peligrosa evitando conflictos que lleven a guerras y susciten odio y terrorismo contra EE.UU.

¿Por qué la mayoría de nicas del viejo exilio son republicanos, cuando incluso entre los cubanos más jóvenes crece la simpatía hacia los demócratas? Eso tiene su explicación. Cuando los nicas llegaron exiliados a EE.UU. gobernaban los republicanos con Ronald Reagan, quien los recibió bien, les facilitó la residencia y la ciudadanía –aunque sin los privilegios de los cubanos-, y armó y financió a la contra para combatir a los sandinistas. Los nicas del exilio ven todavía las cosas con la visión de los años 80 y creen que los republicanos son duros con los sandinistas y los demócratas no.
Pero la década de los 80 terminó hace más de 25 años. Desde entonces ha cambiado mucho el mundo. Vivimos otros tiempos. Las relaciones entre EE.UU. y Nicaragua hoy no podrían ser como en la época de Reagan, pues entonces existía la “guerra fría” que confrontaba a los EE.UU. con la antigua URSS. Los EE.UU. temían a un gobierno prosoviético en Nicaragua que sirviera de base a sus enemigos. No actuó Reagan por amor a los nicas exiliados ni en defensa de la libertad y la democracia, sino preocupado por la seguridad de su país. Pero gracias a que un gran líder visionario y sabio, Mijaíl Gorbachov, llegó al poder en la URSS, Rusia cambió su política armamentista y expansionista, desechó el sistema económico comunista y dio libertad y democracia al pueblo ruso y a los demás países soviéticos que recuperaron su soberanía.  Y… ¡se acabó la guerra fría! Como consecuencia, Nicaragua dejó de ser una preocupación para EE.UU.

Lo que hoy preocupa a EE.UU. son otras cosas: el terrorismo, el narcotráfico y la inmigración ilegal. Y en eso los sandinistas son aliados eficientes y confiables. Además, han indemnizado a los ciudadanos estadounidenses confiscados, mantienen a Nicaragua estable en una región muy violenta y convulsionada, funciona la libre empresa, existe una prensa opositora, actúan partidos políticos de oposición y no hay presos políticos. Para los EE.UU. con eso basta. Aunque un republicano resultase electo presidente o resucitara Reagan, no cambiaría mucho la actual política hacia Nicaragua pues no representa ningún peligro ni preocupación para ellos, sino lo contrario, pues los sandinistas son buenos colaboradores en los tres temas que le interesarían a cualquiera que elijan como presidente de EE.UU.

Pero, ¿acaso EE.UU. no presiona a Maduro en Venezuela? Sí, pero Nicaragua no está en el corazón de Sudamérica compartiendo la selva amazónica y cerca de los grandes plantíos de coca. Tampoco tenemos la mayor reserva de petróleo del mundo. A EE.UU. le preocupa la situación de Venezuela porque hay una crisis y su inestabilidad política, social y económica puede desestabilizar la región, fortalecer a los narcos  y crear dificultades económicas mundiales por una posible incertidumbre sobre su petróleo; y presionan a Maduro para que renuncie y permita una transición no violenta.  Nicaragua no es Venezuela. Sea quien fuese el nuevo presidente de EE.UU. su política hacia Nicaragua poco cambiará.

 

*Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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