Erick Aguirre
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José Adiak Montoya (1987) es un joven autor nicaragüense que se ha asentado con sorprendente solidez y propiedad en la literatura nicaragüense. Desde principios del año 2000 destacó en revistas literarias donde los jóvenes de su generación empezaron a expresarse. De ahí pasó a colaborar en los suplementos literarios de los periódicos, dando a conocer reseñas críticas sobre cine, música y literatura.

En 2007 publicó Eclipse, su primer libro, en el que significativamente incluye poesía y narrativa, mostrando una voluntad de hibridez de la que podría inferirse un probable rechazo a las rígidas clasificaciones literarias, emparentada quizás con el ánimo libérrimo de sus ancestros modernistas.

No por casualidad la escritora Eunice Shade, su compañera de generación, observó en ese primer libro “una mezcla aguda de diversas influencias, en especial oscuras, existenciales y psicológicas”; una identificación con el espíritu literario de Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire, “pasados por su tamiz de estilo y sus propias preocupaciones”. 

Según Eunice, este primer libro de José Adiak es como un infierno, pero no un infierno de fuego, sino de oscuridad. “Un escritor cruzando las aguas negras de su interioridad en esa barca que oscila entre olas de vida y muerte”. El infierno de buscarse a sí mismo, un autorretrato pintado con “los colores de la tristeza, los soles del dolor, los fantasmas de la vigilia y el sueño”.

Sin embargo Shade también advertía, admonitoriamente, los cambios que en adelante podrían mostrar las búsquedas literarias del joven autor, pues dudaba de que este continuara con esa inclinación insistente hacia lo tenebroso. 

“Es posible que su siguiente libro sea el polo opuesto del primero. No hace mucho lo vi con El obsceno pájaro de la noche (del chileno José Donoso) bajo el brazo”, decía Eunice en una reseña.

En efecto, aunque no radicalmente, el siguiente libro publicado por José Adiak fue una propuesta distinta: una novela (su primera novela) titulada El sótano del ángel; un texto que, al menos a mí, me sorprendió por la limpieza de su factura y por la propiedad y coherencia con las que el escritor despliega ciertos procedimientos narrativos.

Otros lectores más severos, como el novelista Guillermo Goussen, han resentido las frases demasiado largas, la falta de utilización precisa del punto y coma, o las “sartas de palabras que obligan al lector a perder el aliento”; pero en general se reconoce el potencial mostrado precozmente por Montoya en este libro, así como el cultivo literario de la nostalgia como atmósfera narrativa o universo ficcional.

Desde una perspectiva omnisciente, en contrapunto con una voz narrativa femenina en primera persona, El sótano del ángel describe una trama compleja anudada en la aparentemente simple y anodina atmósfera de un pueblo llamado Los Almendros, un espacio mítico-literario que Goussen nos conmina desde ahora a consignar en el mapa mundial de la literatura.

Goussen destaca también, en esta obra primeriza, la capacidad del autor para representar eficazmente las voces de los personajes; la forma entreverada y con frecuencia natural con que es capaz de otorgarle a cada cual su propia voz, lo que nos habría de permitir conocer sin mucho esfuerzo qué opinan unos de los otros, pero también lo que opina cada uno de sí mismo.

En efecto, El sótano del ángel es una novela en la que resuenan las voces de personajes en cuyas vidas persiste la letanía de una contra-adoración, una cólera soterrada parecida a la fascinación por la provincia; metáfora que abarca la aparentemente insignificante rutina de su entorno y la profunda complejidad interior de sus propias vidas. Pero esa metáfora nos revela, al mismo tiempo, el rostro ingrato del abandono provinciano y la búsqueda individual de una libertad esencial. 

En El sótano del ángel se logra percibir el drama y la soledad de sus personajes, y se escucha el eco, a veces lejano, a veces cercano, de sus pensamientos. Son voces que surgen de sus páginas como desde una prisión; en medio de conflictos humanos que ponen a prueba sus propias aspiraciones de libertad.

Montoya ha publicado ahora su segunda novela, Un rojo aullido en el bosque. Veremos qué deparan sus páginas.

* Escritor y periodista.

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