Gustavo-Adolfo Vargas *
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En septiembre de 2008, el sistema financiero mundial casi se desintegra al declararse en quiebra el banco de inversiones Lehman Brothers. El histórico banco había sobrevivido una larga serie de cataclismos. La crisis de las hipotecas sub-prime fue demasiado. Sus innovaciones contaminaron todo el sistema financiero mundial con instrumentos que fueron rebautizados como activos tóxicos.

En el 2009 se anunció que el periodo de la política monetaria flexible, no duraría más de cinco años. Los bancos centrales no aciertan hacia dónde dirigirse y hasta se han introducido tasas de interés negativas en Japón, Suecia, Suiza, etc. Las principales economías del mundo siguen con altos niveles de desempleo, en la eurozona y Estados Unidos (que se recupera lentamente). 

Habrá que ver si la avalancha de innovaciones técnicas aptas para sustentar una nueva fase de acumulación de capital ya se agotó o habrá que esperar una nueva revolución tecnológica.

En el siglo XX se produjeron los avances más importantes de las últimas tres décadas, sin duda alguna fue el desarrollo de los ordenadores e internet gracias a la aparición del transistor. El mundo entero se interconectó por primera vez, convirtiéndose en conocimiento universal e instantáneo en la humanidad.

Las primeras tecnologías recibieron el nombre de innovaciones básicas, por haber transformado todo el sistema económico. Radicalmente cambiaron la matriz de relaciones inter-industriales, redefinieron la infraestructura y reorganizaron el espacio público. 

Pero no se puede transformar el sistema económico cada cinco años, y por ello algunos piensan que nada comparable existe en el horizonte tecnológico actual. De acuerdo con esa visión, el capitalismo estaría condenado a sufrir un ritmo de expansión mediocre, con innovaciones derivadas de tecnologías introducidas hace décadas. Otros analistas consideran que el estancamiento secular sería solo una consecuencia de la crisis financiera. 

Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart piensan que el ágape de endeudamiento duró demasiado como para pensar que las cicatrices pudiesen borrarse muy pronto y sin dolor. Estos dos autores creen que antes del 2007, las principales economías capitalistas gozaban esencialmente de buena salud. Para ellos, más allá de los abusos en el sector financiero, todo marchaba más o menos bien.  

Una nueva oleada de innovaciones son capaces de sostener un ritmo de crecimiento estable, siendo necesarias unas estructuras financieras adecuadas. Esa es una de las principales lecciones de Hyman Minsky, sobre inversiones inducidas y ciclos de negocios.

Aunque Joseph Alois Schumpeter sabía que los bancos comerciales privados “creaban dinero de la nada” (y que la inversión es anterior al ahorro), su visión sobre los ciclos de negocios descansa más en la dinámica de la economía real y del proceso de cambio técnico. A Minsky eso le pareció demasiado mecánico, pues no permitía integrar adecuadamente el papel del dinero endógeno.

De esta insatisfacción con la teoría de los ciclos de Schumpeter, nace el minucioso análisis de Minsky sobre las fuentes de inestabilidad asociadas a una economía en que el sistema bancario comercial privado se encarga de la tarea de creación monetaria.

Minsky es considerado poskeynesiano por acercarse más a las perspectivas de John Maynard Keynes sobre la volatilidad en las expectativas y la preferencia de liquidez. 

Alain Greenspan, tras salir de la presidencia de la FED (Banco Central Estadounidense), donde presidió por 18 años, escribió un libro en el 2007 titulado “La era de las Turbulencias”, y lo publicó a principios del 2008. En la segunda edición de sus memorias agregó un capítulo para justificarse por el más grande desastre financiero, económico y social del último siglo, por ser él mismo uno de los principales responsables. 

El problema principal de la polarización del debate sobre estancamiento secular, es dejar de lado todo lo relacionado con las causas estructurales de la crisis iniciada con la distribución del ingreso y el conflicto social derivado de la desigualdad, como si eso nada tuviera que ver con las perspectivas futuras del capitalismo.

*Diplomático, Jurista y Politólogo. 

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