Carlos Andrés Pastrán Morales
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Los de los años 90 lo recuerdan bien y de buena forma. Los que nacieron en años anteriores, pues, añoran más esos tiempos. Y quiero referirme no en los tiempos “buenos” en general. 

Un tiempo donde Nicaragua ansiaba progreso, donde no era partícipe de guerras y conflictos. Una época donde las relaciones humanas eran un éxito y la familia estaba unida. Yo, por ser joven, tengo vagos recuerdos de cómo era un familia unida, cuando primos, hermanos, tíos, abuelos se reunían para tomar, hablar, chismear, lo que sea, pero se reunían. Hoy en día ni se reúnen, y si lo hacen, todos son esclavos del celular.

Todos, y digo con firmeza que todos, hemos vivido o visto, cuando se reúnen familias, o salen a comer a restaurantes, o hacen una cena por algún motivo. Las caras de cada una de las personas que ocupan las sillas no se ven unas con otras, cada una ve hacia abajo, hacia su celular. 

Es cierto pues que la tecnología ha venido revolucionando todo, pero al revolucionar también puede causar un cambio en la gente que vive con la necesidad y la urgencia de usar los móviles. Ahora la industria de los celulares tiene una ardua competencia con la industria de las películas y los videojuegos. Han influenciado tanto los comerciales en nosotros, que hasta los mismos productores de estos celulares nos estafan, pero nos encanta estar comprando los últimos modelos, las últimas aplicaciones, lo último de todo. Tanto que, haciendo un enlace con Nicaragua, hasta personas humildes que trabajan por cuenta propia vendiendo agua helada o los que limpian vidrios prefieren comprarse un celular en vez de gastar la ganancia en comida para sus casas.  

Entonces, pareciese que las relaciones entre humanos cara a cara fueron hace mucho tiempo, cuando en realidad han pasado menos de diez años y ha cambiado demasiado. 

Ya no ponemos atención a nuestros padres o familiares mayores, y en algunos casos es al revés. En casos extremos, ni nos hablamos con los demás, ni les ponemos atención, solo perdemos el tiempo hablando por el facebook o por el whatsapp con nuestros “amigos”. 

No digo que está mal que la tecnología haya cambiado muchas cosas en la vida y que la conectividad de las telecomunicaciones esté revolucionando al mundo y agilizando el comercio mundial, sino que nosotros hemos cambiado a conciencia propia, porque podemos poner atención a los demás, vivir una vida tranquila sin la desesperación o la necesidad de textear, o sea, usar la tecnología a como se debe, de buena forma, no dejarnos de manipular por nosotros mismos. El celular es solo una herramienta, que como bien nos ha enseñado en todos lados, facilitan la vida del ser humano, no se apropia de nosotros. 

Y los nicaragüenses vamos de mal en peor respecto a esto, y es preocupante. Puede que en un futuro esta forma de actuar y de pensar por parte de nosotros haga cambiar el país, y para bien, no para mal. 

Entonces, deberíamos de dejar algunas veces el celular en casa, dejar de jugar al menos una hora al candycrush, agarrar un libro y ponernos a leer, darnos un tiempo para nosotros mismos, dejar de perder el tiempo hablando tonterías en los grupos de whatsapp, porque todo esto al final no nos ayuda en nada, es solo ocio, solo entretenimiento, y ocupamos mal el tiempo para este fenómeno. 

Tratemos de ser mejores y que no nos manipule la conciencia y la necesidad del celular. Seamos nosotros mismos. Vivamos la realidad y veamos al mundo con nuestros propios ojos, en vez de mirar nuestra pantalla del celular.

Pero como dice el dicho que cada cabeza es un mundo y cada persona es libre de ejercer sus derechos como crea más conveniente, solo es una sugerencia en un mundo y un país tan conectado por el celular y una idea para dejar debatir. 

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