Orlando López-Selva
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Habrá una segunda vuelta en las elecciones en el Perú o ballotage, como se dice en el argot político. Esto ha puesto a negociar a todos los partidos de la contienda reciente: ¿Quién ofrece más? O, ¿quién se posicionará mejor?

Esa es la naturaleza del juego político en la fase de poscampañas y primeras votaciones. 

Tras las elecciones pasadas, donde compitieron tantos partidos con candidatos de varias generaciones, se videncia que los aspirantes a la primera magistratura, no hallan qué hacer. Actúan así impulsados por el impulso del marketing político: inventando para llamar la atención, para atraer, y conquistar el único oficio-cargo que da poder, dinero y fama con el consentimiento popular.

El poder político catapulta.

Los 22 millones de electores peruanos que votarían deberán escoger entre una administradora y un economista. Este último, desde pequeño, por su vasta preparación en las artes, se educó como músico. 

La candidata Keiko Fujimori representa al partido Fuerza Popular, que obtuvo el 39.83% de los votos populares en la primera elección --consiguiendo 68 curules en el parlamento de 130 escaños--. 

Keiko es hija del expresidente Alberto Fujimori --actualmente cumpliendo condena de 25 años en prisión--, acusado de corrupción y violación a los derechos humanos.

Extraña, o coincidentemente, el día de las elecciones guerrilleros, identificados como una célula de Sendero Luminoso, atacaron a una patrulla militar en la región de Junín. Saldo 11 muertos entre soldados y guerrilleros.

La candidata Keiko sí tiene experiencia en asuntos públicos como diputada y exprimera dama, cargo que desempeñó a los 19 años cuando su madre Susana Iguchi se separó del entonces presidente Fujimori. Ella es dministradora de empresas, graduada en Columbia University. Siempre se dijo que su padre pagó sus estudios con dinero del erario. Esto condujo a una investigación que nunca determinó culpabilidad alguna.

Keiko, de 40 años, es una líder populista, práctica, bien articulada, con mucho temple y parsimonia (hija de dos japoneses nacidos en Perú), cuya popularidad todavía se nutre del gobierno de su padre Alberto (1990-2000) --autor de muchas reformas y del fin del Sendero Luminoso--. Obra destacable: le puso fin a la hiperinflación que había dejado el presidente Alan García.

Keiko tiene dos retos: sobreponerse a la sombra de su padre --un gobernante amado u odiado por los peruanos--; y reinventarse como una política con perfil propio en un país enfrentado a muchos desafíos económicos, culturales y sociales. Un país aferrado a su pasado (¡nada raro en Latinoamérica!).

Las encuestas señalan que ella puede ganar si se alía bien. Pero los otros candidatos que participaron en la contienda electoral la ven como una continuación del fujimorismo, lo cual la debilita, a menos que haga concesiones sustantivas. 

No obstante, si su opositor, el economista Pedro Pablo Kuczynski no logra tampoco hacer alianzas con el remanente de candidatos que no pasaron a la segunda vuelta, Keiko ganaría, porque su adversario no pudo negociar bien para crear “otro frente” contra la candidata de los ojos rasgados.

Esta opción, el partido Peruanos por el Kambio (PPK), del economista Pedro Pablo Kuczynski, que solo consiguió 25 curules, es hijo de inmigrantes: padre judío-alemán y madre: suiza-francesa; ya tiene fogueo como ministro de economía y finanzas en los gobiernos de Belaunde Terry y Humala.

A Kuczynski se le tilda de oportunista, elitista y de “poco mimetismo con las clases bajas”. Aunque, el músico-economista ofrece políticas economicistas --que, sin dudas--, van a crear mayor progreso y consolidarían el proceso democrático. Pero que, posiblemente se yerre olvidando a los grupos sociales más vulnerables. 

¿Es un dilema?

Toda elección es un albur. Poco es cierto. Apenas se sospecha quién pueda ganar. Y nadie sabe cómo resultará cualquier gobierno. Pero, en suma, aunque participara el mayor número de ideologías, prevalecieron las menos ideologizadas. 

Solo los peruanos sabrán escoger lo que les convenga más. Ahora deberán escoger entre dos alternativas de derecha. 

Y podría haber tres caminos luego del 5 de junio: 1) un reavivamiento del fujimorismo (O tal vez no, y asiente su propio estilo y marca; ¿pero quién gobernaría teniendo a su padre encarcelado?); 2) un gobierno democrático, pero desentendido de los excluidos; 3) un escenario donde, cualquier opción, deba enfrentarse a un renacido Sendero Luminoso.

Si gana Keiko las tendrá todas a su favor con sus diputados mayoritarios; pero si gana Kuczynski, quedará muy corto y deberá aliarse con otras fuerzas. 

Espero que los peruanos escojan según sus instintos. Y que no haya guerrillas, corrupción o exclusiones. 

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