Erick Aguirre
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Berman Bans, escritor y sacerdote nicaragüense, graduado de Filosofía y Humanidades en la Universidad Católica de Costa Rica, incursionó en la poesía con su libro Bitácora de un naufragio (2011), que en su momento saludamos por lo que tenía de deuda personal con sus predilecciones por la lírica francesa y con los más altos paradigmas de la poesía nicaragüense. 

Según lo consigna el propio autor (o su editor) en la solapa del libro, el proceso de gestación, escritura y publicación de este libro le tomó a Bans algunos años de trabajo, sin contar otros más de ejercicios y experimentación desde que, según también se afirma en la solapa, empezó a dedicarse seriamente a escribir poesía.

Al parecer, los inicios de esa dedicación estuvieron muy influenciados por la moderna poesía francesa, cuyas referencias son notables a lo largo del poemario a través de epígrafes y alusiones intertextuales, especialmente de Jean Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire, a quienes, según me confesó en una entrevista, desde muy joven Bans pudo leer en su lengua original. 

También influyó radicalmente la lectura de tres de los más importantes y paradigmáticos poetas contemporáneos de Nicaragua: Joaquín Pasos, Ernesto Mejía Sánchez y especialmente Carlos Martínez Rivas, a quien conoció personalmente y pudo tratar una sola vez, siendo un adolescente, en una experiencia que él mismo confiesa no fue muy agradable.

Hay una serie de odas y homenajes en el libro que revelan los asedios, devociones y admiraciones intelectuales, artísticas o literarias del fraile Bans: Stéphane Mallarmé, Honoré de Balzac, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, José Lezama Lima, E. E. Cummings, Silvia Plath, entre otros.

En otra sección del libro hay una especie de imitación o parodia de Carlos Martínez Rivas. Además, en “Los faros en la tormenta” hay un homenaje discreto a Martínez, un epitafio en forma de hai kú japonés, pero con solo dos versos: “Pidió que lo olvidaran. /Nadie le quiere cumplir”. 

Esto, me dijo Bans, en realidad obedece a una deuda pendiente. “La deuda que tengo con Martínez es el hecho de entender la poesía como una actitud moral, orgánica, que no tiene que ver solamente con publicar libros o tener estatus en literatura, sino con la forma en que asumimos nuestras propias vidas”, me confesó, y yo no puedo más que darle toda la razón.

Pero eso hace aflorar, sin embargo, mi idea acerca de una inocultable influencia, no solo de la fe religiosa cristiana (de la que tampoco está exento Martínez) en la poesía nicaragüense del siglo XX.

Años después, este sacerdote capuchino de espíritu crítico y un poco libérrimo, incursionó en el relato de ficción, con un libro titulado La fuga (2013), que contiene nueve cuentos primerizos, que a todas luces son fruto de la pluma de un escritor que ha alcanzado determinada madurez; notable en la aguda asimilación de lecturas evidente en cada narración.

La mayoría de estos cuentos están narrados por una voz omnisciente, aunque cuando la perspectiva narrativa asume la primera persona, con frecuencia se detiene en comentarios y alusiones librescas que esconden cierta afectación erudita, pero que casi siempre resultan precisas y atingentes respecto al contexto narrado.

Escritos con prosa clara, o, digamos, casi transparente, los cuentos de La Fuga no intentan experimentar con formas o procedimientos narrativos, aunque el dominio técnico y el manejo diestro del lenguaje está demostrado en la habilidad para apropiarse o de representar las voces de los personajes que eventualmente narran sus historias.

El espíritu lúdico de estas narraciones no está necesariamente en los procedimientos discursivos ni en el tratamiento del tiempo y el espacio, que indudablemente son del pleno dominio del autor, lo mismo que el registro discursivo, es decir, el lenguaje o los lenguajes requeridos por las circunstancias particulares urdidas en cada historia.

El autor simplemente se apropia de las técnicas básicamente adecuadas para hacer trascender lo que aparentemente es simple anécdota: la significativa y en apariencia fútil muerte de un padrastro; la caída en desgracia de la familia de un plutócrata corrupto, o el dramático final de una ballena encallada en una playa repleta de pescadores hambrientos; casi todo vinculado a un secreto acervo autobiográfico.

* Escritor y periodista.

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