Augusto Zamora R.*
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Murió en soledad, pero tenía 3,544 ‘amigos’ en Facebook. ‘Amigos’, es decir, personas que veían más, veían menos, pero veían, la cuenta que había abierto en ese medio.

Su muerte habría sido anónima de no mediar tal circunstancia, con más contenido alegórico de lo que puede parecer a simple vista. 3,544 amigos virtuales, ninguno real.

La tecnología ha puesto a nuestro alcance medios asombrosos de comunicación, que permiten, en tiempo real, estar informados de casi todo y tener noticias inmediatas de parientes y amigos, estén donde estén. Basta con estar conectados a Internet.

También abrir páginas virtuales para formar redes de amigos y conocidos, con quienes compartir desde fotografías y chismes hasta inspiraciones religiosas y recetas de cocina.

Como todo, tiene un precio: nuestro tiempo. Marca de este siglo es el incremento de las relaciones virtuales y el decrecimiento de las reales. Nos comunicamos más, pero nos relacionamos menos.

Hasta construir mundos fantasmas poblados de amigos invisibles.

Buscando aumentar su número, hay quienes renuncian al contacto humano para volcarse en el virtual. Reducen su mundo a un cuarto y una computadora, un celular o una tablet.

En Japón, el fenómeno alcanza niveles absurdos, pues un número creciente de personas renuncia al sexo físico para practicarlo solo, en sitios habilitados para ese fin.

Pese a ser animales sociales, la tecnología nos empuja a una ilógica vida en soledad,  saturada de relaciones virtuales, cuando nada hay que sustituya el calor humano. Nada.

az.sinveniracuento@gmail.com

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