Lesli Nicaragua
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Era inevitable. El olor de la marihuana ha llegado esta semana a la ONU, en una más que relajada discusión entre presidentes sobre los alcances de su uso en terapias medicinales y de recreación.

La intervención de los mandatarios me trajo memorias externas de los años sesenta, cuando los soñadores –distintos de los dreamersa actuales- se consolaban sus miserias sociales y culturales con la consumación de sus rituales sensuales, sexuales y cannabísticos.

Aunque en la modernidad de su consumo hay que ser más que francos, claros. Esta hierba ha elevado su uso hoy por una moda verde de alcances ilimitados, más que por sus efectos médicos, que no los dudo. Pero su difusión ha alcanzado cotas actuales, que hasta tiene una fecha especial para celebrarla, el 20 de abril.

Cuando precisamente se promovieron marchas en distintas ciudades del mundo para presionar que se libere su consumo. Y grandes periódicos dedicaron páginas especiales para promover sus facultades medicinales con infografías, reportajes de largo alcances y cronicones a la vieja usanza, que la hicieron ver como una panacea en un tiempo preapocalíptico, donde el calor nos matará de un ictus, pero esta hierba crecerá –ya lo dijo un cantautor nica- verde y morena adornando nuestro  mausoleo.

Su amplio espectro, como diría un amigo médico que la consume, nunca los he puesto en duda.

Pero lo que sí he criticado –y aquí la prueba de campo lo valida- es su demonización en favor de su mercadeo. Así de simple: se juega con las ansias del placer y las ganas de curarse. Por eso se ha caído –como en cualquier vicio- en la adicción. Y entonces un consumidor de cannabis no se distingue de un comprador compulsivo o de un alcohólico, o de un mitómano. Los mercadotecnitas lo saben bien.

Aunque los detalles –como dice Nabokov- son las diferencias, y marcadas, porque la suplencia, es la misma. En este sentido. Aunque sería demasiado superficial para un botánico que para un terapeuta del dolor. Puesto que han sido estos profesionales los que han promocionado su uso casi desmedido en terapias alternativas en enfermedades de larga duración, como el cáncer, el asma, el dolor crónico, síndrome premenstrual, y hasta –esto me asustó- asuntos la paranoia. Digo esto, porque las pruebas de campo ha arrojado datos contrarios.

Pero como la mayoría de drogas usadas para cualquier dolencia –desde un resfrío hasta un cáncer- son de fabricación sintética, la marihuana ha venido a ocupar un lugar cimero hoy que se prefiere lo natural.  Es solo de verlo. Así que, en virtud de esa nueva visión, pensemos en los alrededores. La marihuana ya tiene a sus defensores.

*Periodista y escritor.

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