Josué Garay
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Un día de estos escuchaba en una radio de Managua, una discusión sobre los perfiles o prototipos de hombre, entre ellos: el agresivo, el amante, el celoso, el que siempre gana las peleas, el que cree tener el poder. Pero en ningún momento escuché hablar sobre los que optan por el perfil de la masculinidad alternativa.

Llamé y les compartí mi punto de vista. Además, les expliqué cómo la conducta del sistema patriarcal que ejercen muchos hombres, en tiempos tan cambiantes, provocan efectos negativos en una sociedad que está, poco a poco, dando apertura a las distintas alternativas sexuales, rompiendo con los paradigmas que el sistema ha impuesto por mucho tiempo.

El problema radica en los efectos que provoca la conducta de los hombres, ya que en muchos casos, tienden a ser invisibilizados, primero,  por la escasa atención que se le ha brindado a la masculinidad, y segundo, por la concepción de primacía hegemónica que se le ha concedido a los hombres dentro de la familia y la sociedad.

Es decir, que se ha normalizado y se ha naturalizado el actuar masculino porque se ha considerado por milenios, que el hombre es el centro de la sociedad, y no es así. Tanto las mujeres, como las personas que pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual, y los que deciden vivir la masculinidad alternativa, son también el centro de la sociedad.

Todos aquellos que han optado por una masculinidad alternativa, no es que sean gays o bisexuales, sino que simplemente gustan disfrutar de cosas diferentes, de colores pasteles, de cuidar su cuerpo, de usar las últimas tendencias de moda, para verse y que sus novias —mujeres— los vean mejor.

En este sentido, el sistema patriarcal es perverso en tanto construye una concepción de ser hombre, pero no cualquier hombre, sino el arquetipo protagonista de la historia, el violento, sin gusto a nada más que el sexo. Me refiero al hombre heterosexual, que en muchos casos es exaltado por la sociedad androcéntrica como un ser superior.

Cuestión que deja por un lado a los hombres homosexuales, transgéneros y transexuales, o a toda aquella diversidad de hombres con menos poder que el “macho” impuesto por esa hegemonía androcéntrica, lo que promueve un imaginario que modela, el ser hombre para las demás personas.

Aunque en nuestro país no se registran crímenes de odio contra los hombres que no se ajustan al modelo patriarcal, en otros países de nuestro continente hay hombres que asesinan a otros por razones de género. En el año 2013 la sociedad chilena se conmovió cuando Víctor Lomboi fue asesinado a balazos por su orientación sexual diversa.

Los crímenes del patriarcado contra mujeres y hombres, ocurren en tiempos en que el desarrollo de los Derechos Humanos exige la igualdad y el respeto a la persona, por lo que se hace necesaria la revisión crítica de la tradicional concepción de la masculinidad.

Hoy por tal razón se debe dejar sentado la efectiva existencia dentro de la sociedad, de la masculinidad alternativa y su relación con manifestaciones de discriminación hacia las personas que libremente se identifican con expresiones alternativas a la masculinidad hegemónica.

En base a esto, se debe iniciar  el tratamiento del tema, definiendo bien el significado de “identidad” y su “construcción”, puesto que estos conceptos —poco tratados como temas de debate—, son los fundamentos de la discusión que se puede plantear para abordar la temática de la masculinidad alternativa.

Periodista y activista.

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