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A partir de los golpes de Estado: en Venezuela en 2002, en Honduras en 2009, en Paraguay en 2012. La estrategia de las derechas latinoamericanas ha dejado de lado el uso del poder militar para derrocar a gobiernos progresistas.

Las Fuerzas Armadas en los distintos países de área están desprestigiadas después del derrumbe de las dictaduras de seguridad nacional, y hoy, sin necesidad de pagar los costos de cruentos golpes de fuerza, pueden mantenerse como casta privilegiada bajo gobiernos civiles
de derecha.

La nueva estrategia de la derecha, no solo está diseñada para desestabilizar a gobiernos progresistas, sino también para instalar gobiernos muy serviles a los verdaderos dueños de la democracia formal, los bancos y el capital financiero, los propietarios de medios de comunicación de masas, etc.

En la estrategia jurídico-mediática de derrocamiento de gobiernos progresistas e instalación de empresarios, los actores de la pseudo-democracia son los jueces, fiscales y los dueños de los medios de comunicación y sus periodistas lacayos, clases medias emergentes, que se han convertido en sostén del tipo de gobierno empresarial y de otros que irán apareciendo con la implementación de este tipo de golpismo.

El juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, forma parte importante de esta estrategia jurídico-mediática encaminada a poner fin a un gobierno constitucional, de características bastantes moderadas en lo político y que no tienen nada que ver con la calificación de “izquierda populista”.

La derecha y el imperio norteamericano colocan como remoquete a los gobiernos de Rafael Correa, Evo Morales y Nicolás Maduro, muy por el contrario, Lula da Silva y Bachelet, durante mucho tiempo fueron presentados como modelos de la izquierda sensata, de la socialdemocracia de la tercera vía.

Pero ahora no son los militares, sino una serie de políticos adversos y aliados que buscan sustituirla de su presidencia ganada con los votos; estamos pasando por un período de amenaza a la democracia y a la soberanía popular, ya raptada por el poder económico.

Existe una conspiración sociopolítica y económica que ha despertado fácilmente un primitivo sentimiento de adversidad. Esa conjunción de vectores, recesión económica, caso Petrobras, los gastos excesivos en el mundial de futbol 2014, la fuerza favélica, entre otros, fue aprovechado por los diletantes del poder político.

Pero lo que es obvio, es que se sigue un manual, un guión elaborado que calza con otros panoramas políticos que han sucedido y suceden en nuestra América. Asfixia económica, incentivación de elementos subversivos, dañina campaña discursiva, disturbios sociales específicamente diseñados y guiados.

No puede haber contraste humano y moral más grande entre Dilma Rousseff y Eduardo Cuha el político más corrupto de Brasil, encarcelado por escándalos de desvío de dinero, incluyendo cuentas no declaradas en Suiza, promovió su venganza contra el PT por haber permitido que fuera procesado por la comisión ética de la Cámara.

En caso de que el Senado abra el juicio político a Rousseff, algo que podría ocurrir en las próximas semanas, y luego apruebe su destitución por al menos dos tercios de sus miembros, Michel Temer pasaría a ser presidente de Brasil hasta el fin del mandato.

Rousseff (primera mujer en presidir Brasil), denuncia que es víctima de un complot que no la dejó gobernar tras ganar un segundo período: “Esto no es un proceso de impeachment, sino un intento de elección indirecta por parte de un grupo que de otro modo no tendría las condiciones de hacerse elegir (…). Esto no traerá estabilidad política al país”.

El presidente del Senado brasileño, Renan Calheiros, anticipó para el próximo lunes la instalación de la comisión especial que analizara el proceso para un juicio político contra la mandataria Dilma Rousseff.

Nadie cree que el gobierno de Michel Temer, en el caso de que finalmente se materialice, pueda tener un mínimo de estabilidad para sobrevivir a la crisis brasileña, la que visiblemente parece agravarse en lugar de mejorar.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.

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