José Pascual Ortells Chabrera
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Darío estuvo en Mallorca por lo menos en dos ocasiones. La primera, en el invierno de 1906 a 1907, acompañado de Francisca Sánchez; la segunda, en 1913, como huésped de Juan Sureda y Pilar Montaner en su mansión de Valldemosa.

En su poema Epístola, Darío demuestra conocer de primera mano la obra de Raimundo Lulio (del latín Raimundus Lullius), o Ramon Llull en catalán. Afirma en el primer verso que comenzó el poema “pensando en Rodenbach”, uno de los primeros en publicar fotografías en un libro que expresaba sus estados anímicos por medio de un recorrido por la ciudad de Brujas; también Darío propone su poema como un peregrinar, por la geografía y por la historia, en busca del ideal poético.

Frente a la casa donde nació Llull, evoca Darío: “mi recuerdo me cuenta / las cosas que le dijo la Rosa a la Pimienta...”. Se trata de un libro de Llull en el que la Rosa y la Pimienta disputan acerca de quién es más importante con base en la teoría aristotélica de los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra; a continuación por medio de un “ejemplo” o apólogo comprendemos que la Rosa aboga por el agua, porque este elemento predomina en su composición, y por la misma razón la Pimienta argumenta a favor del fuego, ya que éste es predominante en ella.

La Epístola también cita los “robles filosóficos” de “El Árbol de la ciencia”, en el que gracias a los traductores árabes Llull organizó las disciplinas científicas de la Grecia clásica. Además el poema presenta a Llull “hermano del Dante”, porque así como en “La divina comedia”, Dante desciende al infierno y asciende al cielo, Llull propuso un conjunto de “escalas” para ascender y descender en el conocimiento.   

Al recordar que Llull fue profesor en la Sorbona, Darío se reconcilia con París, pero no el moderno, sino el de “la Sorbona vieja del París sabio”. El elogio finaliza diciendo: “…le oí hablar a los árabes cual Antonio a los peces”, una referencia a la vocación de convertir a musulmanes y judíos, que mantuvo al misionero mallorquín alejado de su tierra, como desterrado, la mayor parte de su vida.

Él fue el primer escritor europeo en utilizar una lengua románica, el catalán, para hablar de filosofía, teología y ciencias naturales, para las que solo se usaba el latín. Refiriéndose a este hecho, Marcelino Menéndez Pelayo elogió también a Raimundo Lulio, diciendo: “Tenemos en España esta doble gloria que ningún otro de los romances neo-latinos puede disputarnos. En castellano hablaron, por primera vez, las matemáticas y la astronomía, por boca de Alfonso el Sabio. En catalán habló, por primera vez, la filosofía, por boca de Ramon Llull”.

Susana Zanetti en un documentado análisis del poema Epístola habla del “mandato de Raimundo Lulio” a Darío en el sentido de hacer “renacer la poesía en lengua española”; pero como Llull no escribió en castellano sino en catalán, árabe y latín, y como la mayor parte de su obra fue en prosa y no en verso, es válido preguntarse qué razones tuvo Darío para dedicarle a Llull un “encumbrado elogio”, como dijo Edelberto Torres Espinosa.

Aparte de la pasión de saber que lo caracterizó, una razón es que la obra intelectual de Raimundo Lulio, autodidacta como Darío, dio inicio después de su conversión. En la Epístola hay otros dos poetas franceses conversos, François Coppée y Francis Jammes, con los que sucedió lo contrario: la poesía del segundo perdió calidad después de su conversión, mientras que el primero perdió el prestigio que tenía entre los modernistas por la posición antisemita y ultranacionalista que adoptó en el caso Dreyfus, después de su conversión.

Otra razón es la actitud respetuosa que mostró Llull con árabes y judíos, podríamos decir su “cosmopolitismo”; ya que a pesar de la violencia de las cruzadas, las relaciones comerciales entre cristianos, árabes y judíos eran frecuentes en el mundo mediterráneo medieval. Por último, tal vez la razón más importante sea que Darío elogió al sabio mallorquín porque, al igual que el judío errante, Llull puede ser considerado el cristiano errante. 

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