Adolfo Miranda Sáenz
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La Iglesia católica enseña la indisolubilidad del matrimonio “hasta que la muerte los separe”, pero no excomulga  a nadie por divorciarse y casarse de nuevo civilmente. Sin embargo, aunque no estén excomulgados, vivir en una segunda unión es objetivamente una situación de pecado grave.  La Iglesia requiere “no estar en pecado grave” para recibir la Santa Comunión. Pero las costumbres en algunos casos fueron más allá de la norma, y de manera puritana e inmisericorde durante mucho tiempo algunos actuaron como nunca lo hubiese hecho Jesucristo, y trataron a esos hermanos como personas indignas de acercarse a los templos, participar de la vida de la Iglesia e incluso hasta se llegó a negarles la amistad.

Hoy el papa Francisco, de acuerdo  a lo recomendado por los obispos en el Sínodo sobre la Familia, ha puesto las cosas en su debido lugar actuando con la misericordia con la que el mismo Cristo hubiera actuado. En su Exhortación Apostólica Postsinodal “La alegría del amor” presenta una amplia visión sobre la familia, su realidad y desafíos, su vocación, el amor fecundo dentro del matrimonio, las crisis, angustias y dificultades, el noviazgo, los hijos, la homosexualidad… entre muchos temas importantes. Ante las expectativas creadas voy a referirme a lo dicho sobre los divorciados vueltos a casar.

El Papa ha destacado la indisolubilidad del matrimonio, aunque nos recuerda que solo es indisoluble un matrimonio válido, ya que existen casos de nulidad en que por diversas razones un matrimonio nunca existió. La Iglesia hoy tramita esos casos más fluidamente. Pero en caso de matrimonios válidos que por diversas razones terminaron en divorcio civil, el Papa llama a actuar con la misericordia de Jesús en el trato a los divorciados vueltos a casar. Llama a recibirlos en la Iglesia con amor y respeto como miembros de la comunidad cristiana, con derecho a participar en nuestras celebraciones e incluso realizar algunas tareas dentro de las parroquias. Recibirlos como familia: juntos padre, madre e hijos. Ellos no están excomulgados.

Sobre si pueden o no comulgar, el Papa llama a practicar una pastoral misericordiosa y al mismo tiempo responsable, indicando que cada caso es distinto. El Santo Padre no dice: Sí, pueden comulgar. Tampoco dice: No, no pueden comulgar. Dice que se discierna con misericordia cada caso en particular. ¿Qué causó el fracaso del matrimonio?

¿Hubo intentos de reconciliación? ¿Cómo se han comportado con sus hijos? ¿Cómo es la situación del otro cónyuge? ¿Su actual unión es fiel y estable? ¿Cómo es su comportamiento?

Hay una norma general que dice: No pueden comulgar. El papa Francisco no dicta una nueva norma, pero llama a un discernimiento que tenga en cuenta que las consecuencias o efectos de cualquier norma no necesariamente deben ser siempre las mismas, pues el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos. Tampoco en lo referente a la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave. El Catecismo promulgado por San Juan Pablo II expresa de una manera contundente: “La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de (…) factores síquicos o sociales.” El Papa llama a los obispos y sacerdotes a discernir con cada persona si hay factores síquicos o sociales que inciden en que su culpa por permanecer en una nueva unión sea una culpabilidad atenuada o incluso suprimida. En esos casos la persona no estaría en “pecado grave” y no tendría impedimento para comulgar. Aunque quizá, pienso yo, le convendría comulgar en privado para no escandalizar a “los débiles en la fe” (Romanos 14).

*Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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