Raúl Obregón
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El desarrollo de nuestra personalidad está influenciado por las relaciones interpersonales que establecemos en el caminar de la vida, lo cual implica que las opiniones de las personas con quienes nos vinculamos pueden tener una fuerte incidencia en la percepción que tenemos de nosotros mismos. Aún cuando dichas opiniones no necesariamente representan lo que verdaderamente somos pueden afectar nuestras actitudes y conductas, y en dependencia de las vivencias de cada quien, nos pueden conducir a vivir, en mayor o menor medida, en la búsqueda de la aprobación de los demás para sentirnos bien. 

Por ejemplo, cuando padres, tutores o adultos en general practican estilos de crianza autoritarios y maltratan verbalmente a sus hijos con expresiones groseras tales como: no servís para nada, o les tildan de incapaces, de perdedores y les profetizan que no lograrán nada en la vida. Cada vez que así se expresan, están lanzando un ataque de destrucción a la autoestima del o la menor, alimentando una percepción distorsionada de sí mismo y probablemente, condenándole a ser una persona necesitada de aprobación con el fin de demostrarse que es capaz, que es un triunfador. 

Seguramente todos hemos necesitado de la aprobación de los demás para sentirnos más seguros de lo que estamos haciendo, reafirmados que vamos por la dirección correcta. 

Muchas veces nos sentimos estimulados a esforzarnos en la actividad que realizamos cuando se nos hace ver que los resultados obtenidos son satisfactorios. Cuando la pareja, amistades u otras personas nos prodigan halagos por algún comportamiento, nos están aprobando y ello nos hace sentir bien.

No es censurable que en ciertas circunstancias necesitemos un poco de aprobación social, el problema es cuando se desarrolla un comportamiento adictivo hacia la aprobación. 

Cuando la persona desarrolla comportamientos adictivos hacia la aprobación se vuelve esclava del que dirán, lo cual le impide decidir y actuar de acuerdo con sus propios criterios, depositando el timón de su vida en manos ajenas, convirtiéndose en una persona emocionalmente vulnerable. 

Estas personas dan rienda suelta a emociones positivas, de alegría y euforia cuando reciben aprobación y por el contrario, cuando son desaprobadas afloran emociones negativas, de tristeza, llanto, amargura, depresión. Todo ello porque no tienen la capacidad de afrontar con determinación las dificultades, superarlas y continuar su vida, sino que la han depositado en manos ajenas.

En lo personal durante una etapa de mi vida fui adicto a la aprobación, sin embargo hace muchos años tuve la dicha de tener un encuentro personal con Jesús y desde entonces poco a poco he conocido su palabra. Él dice: conocerás la verdad y la verdad te hará libre (Juan 8:32). Me apropié de esta palabra y hoy afirmo que soy libre de todo tipo de ataduras, entre ella la adicción a la aprobación. 

Mi meta diaria es agradar a Dios y voy para adelante. Él es la fortaleza que me sostiene en toda circunstancia, ya no dependo de la opinión de otras personas, ya no soy adicto a la aprobación. 

Si usted está enfrentando problemas de adicción a la aprobación, ¡Pruébelo¡, conózcalo. Él es el camino, la verdad y la vida, él le hará libre. 

Queremos saber de ustedes. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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