Melba Castillo A*
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Las notas obtenidas en la escuela son importantes, sean buenas o malas. Más importante aún, sin embargo, es que los padres y madres hagamos una adecuada interpretación de las mismas. La información que hay en las calificaciones es clave para saber qué ayuda debemos ofrecer a nuestras hijas e hijos para que aprendan más, mejor y bien motivados.  En este artículo nos referiremos a las pistas que la teoría de las inteligencias múltiples nos ofrece para interpretar el boletín de notas. 

Howard Gardner, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, afirma que no tenemos una sola inteligencia sino varias, ocho concretamente, de acuerdo a sus estudios. Según esta teoría, unas buenas calificaciones podrían indicar el tipo de inteligencias que tenemos más desarrolladas y, por el contrario, las malas indicarían las inteligencias menos desarrolladas y para las cuales necesitamos más apoyo u otro tipo de métodos. 

Dos de las inteligencias identificadas por Gardner, la lingüística o habilidad para comunicarse por escrito y verbalmente, y la lógico-matemática o habilidad para razonar utilizando números, son las que favorecen el desempeño escolar. Gran parte de los exámenes se hacen usando papel y lápiz. Además, la mayoría de los conocimientos se evalúan a partir del uso de palabras y números. Quienes tienen menor desarrollo en estos dos tipos de inteligencia, posiblemente tendrán dificultad para obtener altas calificaciones. Si les permitiéramos usar otras inteligencias, posiblemente brillarían. 

Hay estudiantes que pueden expresar mejor lo que saben de una materia a través, por ejemplo, de la música, de un dibujo, de un video, interpretando un personaje, expresándose en un grupo, conduciendo una entrevista, llevando un diario, o desarrollando un proyecto innovador. Si su hijo o hija está obteniendo malas calificaciones en todas o algunas materias, considere discutir con su educador otras formas de evaluación en las que haga uso de otras inteligencias. 

La evaluación escolar debe ser una experiencia positiva. No debería convertirse en una carga para educadores o educandos. Para esto, debería realizarse mediante una actividad que gusta y ya es conocida por el estudiante. Para saber si nuestro hijo sabe las fracciones, por ejemplo, podríamos pedirle que calcule algo, como la cantidad de ingredientes para una receta de cocina, en vez de darle solamente la opción del papel y lápiz.

Tómese un tiempo para hablar con su hijo después de recibir cada boletín. Ayúdale a explicarte sus fortalezas y puntos más débiles, y planifiquen juntos cómo van a superar las dificultades. Si el niño o la niña también sabe que las calificaciones son una fuente de información para conocerse a sí mismo y pedir ayuda apropiada, en vez de una sentencia sobre si puede o no aprender, tendrá una visión positiva de la evaluación que le dará grandes beneficios en su vida adulta. 

*Directora de CIASES y  Asesora del Colegio Nórdico Internacional 

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