Marcos Antonio Casanova Fuertes
  •   Managua, Nicaragua  |
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Es un reto ambicioso para cualquier política económica y ambiental alcanzar un equilibrio que permita la conservación de sus recursos naturales y a su vez obtener medios sostenibles de sustento de sus habitantes. Tal desafío es aún más deseoso ante el hecho recurrente de las crueles y cada vez más dilatadas sequías que inmisericordemente nos agobian cada década, las que son acompañadas posteriormente de poderosos huracanes (Juana 1988, Mitch 1998, Félix 2007) que en sentido contrario, por abundancia de lluvia hacen que nuestros cada día más escasos bosques sean quebrantados por vientos que los convierten en plataformas impenetrables de madera tumbada, las cuales si no son extraídas se convierten en una bomba de tiempo que estallarán meteóricamente, convirtiendo en cenizas siglos de preservación natural.

En nuestros tiempos, lo apasionante del tema ambiental acompañado de una tecnología de comunicación que hace que en segundos cualquier acontecimiento se vuelva viral ante los ojos de una asustada humanidad que asocia cualquier hecho periódico como lo son los mencionados anteriormente en ensayos de juicio final. 

No hay forma de negar que lo ambiental, es hoy algo que se aborda en cualquier lugar y por todos los estratos sociales, es también innegable que la popularidad del tema se debe a una creciente conciencia ambiental; pero que nos refiramos al tema no nos hace a todos grandes conocedores del mismo. 

Obtener información calificada que lleve a elegir alternativas en la toma de decisiones es una habilidad que estamos fortaleciendo para lograr participar en proyectos sostenibles, que permitan implementar sistemas productivos que promuevan un impacto exitoso en el aumento de cobertura vegetal y conservación de los recursos naturales. 

Es decir, no se trata de dejar de producir nuestros alimentos,  pero si es una necesidad buscar cómo producirlos sustentablemente y conservando los bosques, ya que los servicios y bienes que estos proveen son indispensables para la sobrevivencia, tanto de las comunidades cercanas a ellas, como de toda la humanidad.

Los bosques y sistemas productivos ambientalmente sostenibles (con presencia de árboles) proveen beneficios; los llamados “servicios ambientales”, estos son entre otros: retener sedimento, mantener las lluvias, protección de las cuencas hidrográficas, brindan belleza escénica, la que puede ser utilizada con objeto de turismo. 

En la actualidad han venido tomando mayor atención los Pagos por Servicios Ambientales (PSA), los cuales son mecanismos de compensación económica, por los servicios ambientales que brinda la naturaleza para satisfacer determinada necesidad en beneficio al hombre.

En Jinotega, en la “Subcuenca de los lagos Apanás y Asturias”, el Gobierno de Reconciliación y Unidad  Nacional (GRUN) mediante una alianza público-privada y con el auspicio del Fondo del Medio Ambiente Mundial (FMAM), desarrolla una experiencia realizando inversiones tanto en Sistemas de Restauración Ambiental  (Sistemas Agroforestales, Sistemas Silvopastoriles, Café Agroecológico, Sistemas de Plantaciones Dendroenergéticos); como en conservación de bosques a través de las Reservas Silvestres Privadas (RSP). El propósito de un futuro mecanismo PSA, es aumentar la cobertura forestal en la zona, para asegurar la generación hidroeléctrica que administra la Empresa Nicaragüense de Energía Eléctrica (ENEL) en dicha cuenca. Una prueba que sí, nos estamos adaptando, en una combinación de mayores niveles de producción de alimentos y energía renovable, bajo sistemas amigables con el ambiente dirigidos por una correcta política pública económica-ambiental.

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