Carlos Andrés Pastrán Morales
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Con el pasar de los años las cosas se han ido complicando poco a poco, refiriéndome a los temas políticos y sociales. La actitud que tenían las personas hace unos años era totalmente distinta la de hoy, lógicamente porque son épocas diferentes y un mundo cambiante. Muchos se preocupaban por los problemas democráticos de entonces, hoy vemos a muy pocos abordando el tema.  

Antes, si existían errores, la gente se ponía de acuerdo y hacían que se cambiara para el bien de todos. Hoy vemos desinterés por parte de los jóvenes, que años anteriores, eran los principales que protestaban en las calles y querían el cambio.

Tal vez no hay alguien que interprete el sentimiento de los jóvenes o los jóvenes tenemos otras aspiraciones, otras ambiciones, otras metas, otras formas de ver la vida, el mundo y el país porque la revolución tecnológica nos tiene inmersos en un mundo global.

En la actualidad decimos o vemos que no hay tantos problemas como antes, ya no hay guerras, ni bandos armados, ni nada de eso, lo cual es bueno porque tenemos y vivimos en paz, pero los problemas de hoy no se ven a simple vista, se analizan y se descubren. Muchos los vemos, muchos tratamos de hacer algo y otros sabemos y no podemos hacer nada.

La libertad de expresión es algo que todos tenemos, obviamente, el problema es que las opiniones, expresiones o puntos de vista son difíciles que sean escuchadas o que sean expuestas públicamente.

Periodistas y editores dan espacio a personas jóvenes como yo, para publicar reflexiones y artículos de opinión sobre cualquier tema. El problema radica ahora en que no todos tienen este espacio, y no todos leen los diarios nacionales, un segmento prefiere las redes, y aun así, es poca la cantidad de gente que se informa de noticias y puntos de opinión de desconocidos pensadores del país.

Prefieren la televisión, que se ha vuelto una competencia de qué canal muestra las mejores notas rojas a la hora del almuerzo, una competencia de faltas de respeto y vulgaridades, una competencia amarillista. Son pocos los programas de noticias que son serios y muestran todo tipo de conflicto y problema en el país y ofrecen soluciones.

Entonces, la situación es esta. Los periódicos, pienso yo, que deberían de hacer más secciones o buscar más gente que publique temas variados, que den su punto de vista, ya sea de un joven o un adulto, sobre las problemáticas actuales del país, porque, a como dije antes, ahora casi nadie se interesa en la política y temas sociales, esta es una vía para que la gente se dé cuenta de cómo estamos y cómo está el país.

Considero que a la mayoría no le interesa la política hoy porque no hay grandes conflictos en esas áreas y la prioridad de muchos es el empleo, la familia, el costo de la vida, los alimentos, en resumen, la economía.

Pero, opiniones, experiencias, analogías, cualquier cosa, con tal que den espacio a los demás y que más lectores tomen conciencia y de igual manera se informen sería oportuno, porque esta nación está cada vez más distraída por temas de menos importancia.

La población necesita información de calidad, no ver muerte tras muerte en la televisión, que solo transmite luto, dolor y desesperanza, y es necesario transmitir valores que inspiren a la juventud sobre todo a asumir el liderazgo en el país pensando en positivo.

Hay que comenzar a ser serios y buscar un pequeño cambio, que lleve a otro más grande y que con el tiempo se logre avanzar esta forma de percibir lo que ocurre alrededor de nosotros, y que muchos nos convirtamos en lectores y escritores para que vayamos describiendo una Nicaragua mejor. Es necesario el debate de las ideas.

Con este artículo, quiero agradecer a El Nuevo Diario, por darme la oportunidad y espacio de estar escribiendo cada domingo. Estoy cumpliendo un año desde que me abrieron sus puertas y estoy muy agradecido con sus directores, editores y página de opinión, y con los lectores, algunos que felicitan, otros que critican, pero así es la democracia y el respeto del derecho de opinar de los demás.

Gracias a todos, porque caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

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