Elvis González Salvatierra
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Desde hace un año me he desempeñado como docente de género en una universidad de Managua, ha sido una experiencia enriquecedora y de mucho significado para mí, pues he logrado llevar a la academia, reflexiones que desde el activismo feminista LGBTI he desarrollado y que he compartido con otros cuerpos dedicados a la defensa y al reconocimiento de otras maneras posibles de ser/estar en el mundo.

Exponer estas ideas frente a estudiantes que vienen de una educación tan desvinculada del cuerpo y del reconocimiento de que somos seres sexuados, ha sido un reto. Nos cuesta al entrar a la universidad reconocer las diversas posibilidades que tenemos de experimentar este territorio que todas las personas conocemos como cuerpo.

Como educadores/as, tenemos la responsabilidad de aportar ideas, conocimientos y reflexiones que ayuden a transformar los imaginarios de nuestros estudiantes y que les han negado la posibilidad de ver la realidad de otra manera. El aula de clases debe ser un lugar donde las personas LGBTI tengan derecho a participar y expresarse libremente sin verse en la obligación de esconder su preferencia o sus claras rupturas al género como imposición social. Las personas que facilitamos estos espacios debemos tomar medidas frente a las agresiones que sufren las y los estudiantes LGBTI. El aula de clase, debe ser un lugar seguro para todas las personas sin distinción alguna.

Es importante reconocer que a pesar de trabajar en educación, estamos, al igual que el estudiantado, educados bajo normas que regulan el deber ser de hombres y mujeres, y que la medida de lo correcto y lo incorrecto, no es igual para todas las personas.

Las instituciones son voz autorizada para revertir ideas que se han apoderado de las conciencias de la ciudadanía y que han servido para reforzar actitudes perversas del machismo como la homofobia. Es vital la promoción de derechos humanos, de políticas preventivas frente al acoso sexual, del respeto a la diversidad como pieza clave de la construcción social que abona a la calidad universitaria y que demanda la sociedad contemporánea.

Incorporar la perspectiva de género como categoría científica que tiene sus bases en el feminismo es una tarea que tienen pendiente los centros de educación de todo el país. No solamente se trata de utilizar lenguaje inclusivo, sino también de profundizar en cómo el género nos ha constituido a lo largo de nuestras vidas como mujeres o como hombres y cómo nos ha perjudicado.

Una educación de calidad señala, teoriza, cuestiona los modelos tradicionales del ser hombre y ser mujer, porque no son verdades absolutas; debate las brechas que hay entre el alumnado. En este sentido la promoción y el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI, deben formar parte de las discusiones temáticas en las aulas, así rompemos estereotipos que fortalecen las fobias en contra de las personas que deciden rechazar la heterosexualidad como la única manera de poder relacionarnos de manera erótica y afectiva.

Considero necesario dar pistas para que el alumnado conozca que el mundo es diverso, y que el respeto a la diversidad es un elemento básico para construir sociedades democráticas y libres. Difícilmente podremos cambiar la sociedad si desde nuestros espacios de reproducción del conocimiento obviamos las diversas formas en las que la ciudadanía se expresa, es básico de sociedades desarrolladas.

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