Editorial
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Ya convocadas de forma oficial las próximas elecciones generales de Nicaragua, para el 6 de noviembre, a todos los nicaragüenses se nos presenta una vez más la oportunidad de respaldar las campañas de candidatos o partidos de nuestra preferencia hasta votar por estos, en la culminación de un proceso que debería ser muy cívico. 

Así como los nicaragüenses tenemos derecho a elegir y a ser elegidos, como establece la Constitución de la República, también nos incumbe el derecho a respetar y ser respetados; y en tiempos de elecciones se hace más importante moderar las pasiones políticas para evitar actitudes violentas, manipulaciones o engaños, porque todas estas acciones impiden que el proceso se desarrolle en paz y armonía. 

Se suele decir que las elecciones son una fiesta cívica, pero lograrlo implica cultivar un comportamiento en el que, para comenzar, necesitamos acabar con la mala costumbre de vociferar ofensas contra los otros contendientes, lo que algunos candidatos hacen desde el inicio, provocando que la competencia se vuelva una batalla de ataques bajos, amenazas y mentiras que se van reproduciendo entre los seguidores hasta elevar los temperamentos de manera peligrosa, en vez de confrontar con civismo ideas y propuestas y soportarlas con argumentos creíbles.

Nos parece bueno que el Consejo Supremo Electoral haya convocado a este proceso, en que serán elegidos presidente y vicepresidente de la República y diputados a la Asamblea Nacional y al Parlamento Centroamericano, y que hoy lunes los diferentes partidos aptos para participar hagan las observaciones correspondientes al CSE sobre el calendario y las normas del proceso.

Al margen de cómo se asocien los partidos políticos para concurrir a la contienda y cuántos candidatos presidenciales sean inscritos, es importante para los ciudadanos en general que esta fiesta se realice en paz y con propuestas concretas para mejorar. Así lo han reflejado diferentes encuestas de opinión pública, en que más de 90% de los consultados afirma que desean que los problemas se resuelvan mediante el diálogo, sin confrontación, porque vivir en paz y progresar es el anhelo de las familias, cuya prioridad es cambiar sus condiciones económicas.

Creemos, por tanto, que las elecciones de este año son una oportunidad, para que la población elija mejores representantes en la administración pública y para que los políticos den ejemplos de aportes al desarrollo del país, con responsabilidad y civismo. Gane quien gane, que lo primordial sea el futuro de Nicaragua; y esto empieza con la demostración de una nueva actitud política, sin insultos ni violencia.

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