Orlando López-Selva
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Ya prácticamente todo está definido en la contienda republicana estadounidense. Se retiró Ted Cruz de las primarias; John Kasich ha hecho lo mismo. Ahora el camino allanado lo tiene Donald Trump quien buscará la ratificación de la convención de su partido, en Filadelfia, para ser el candidato oficial republicano.

Muy pocos analistas le veían llegar hasta acá. La  retórica incendiaria de Trump, hizo que pensaran que nunca iría muy lejos. 

Y la realidad fue otra. Trump venció a 16 contendientes que fueron “suspendiendo” sus campañas a pesar de tantas habilidades, experiencias, recursos financieros y bagaje juntos.

Nadie lo pudo derrotar: él sentó la tónica, las reglas, y el ritmo de la campaña. 

Ted Cruz, quien parecía tan seguro y optimista, no llegó a ganar los 8 Estados necesarios que le habría posibilitado maniobrar en la Convención de Cleveland. Trump lo vilipendió a él y su esposa, a su padre, a los mexicanos, a los chinos, a las mujeres, a los discapacitados… y a quien pudo.

Y, en un acto desesperado por impactar y atraer más votantes para sí, el senador Cruz hasta sacó a su madre al escenario, a quien calificó como la “guerrera de las plegarias”. Se anticipó nombrando a la empresaria Carli Fiorina, como compañera de fórmula para ver si lograba hacerle mella a Trump  o restarle fuerzas a doña Hillary. Pero no hubo milagros.

¿Una campaña carente de ética y altura donde todos cayeron en la trampa trumpiana? Unos se fueron porque no pudieron llegar más allá de un dígito; otros porque no aguantaron los disparos verbales del empresario; y los últimos, porque a pesar de sus ostentosas experiencias en economía, asuntos gubernamentales o política exterior, nunca intimidaron al contendiente-aspirante a la presidencia de los Estados Unidos que menos respeto y modales ha mostrado.  

Obvio, la sociedad norteamericana sacó sus sentimientos más íntimos y primigenios. ¿Es evidencia de angustia, desgarre y resentimiento? 

Mi punto es que los norteamericanos de clase media que simpatizan con las posturas de Trump creen que él sí dice lo que en el fondo muchos sienten: que su gran nación está siendo mal liderada, debilitada e impulsada por foráneos no ingleses que están haciéndoles perder su esencia y carácter propios. Y que es mejor permanecer como han sido: una nación anglosajona pura en valores y credos, nórdica, conservadora, y alejada de tanta diversidad cultural que es percibida como contaminante y amenazadora.

Los Estados Unidos de América, de hoy en adelante, estarán indispuestos a seguir cohesionados. Y un profundo fraccionamiento se ha asentado, creando mucha tensión social y política. 

¿En qué difiere este fenómeno del que vemos en Europa donde el desborde de migrantes ha propiciado el surgimiento de partidos políticos de extrema derecha, y el reavivamiento del nazismo en Austria, Francia, Holanda, Alemania?

Ambos fenómenos son parecidos pero marchan a diferente velocidad: uno amenaza desde afuera y otro ya desde adentro. ¿Es una reacción de rebote, en la cual muchos de los conquistados, provenientes de culturas más periféricas, por razones de pobreza, conflictos o inadaptación de los sistemas occidentales a sus propias culturas, se escinden y amenazan la estabilidad de las naciones más desarrolladas?

Es obvio, los norteamericanos saben que si su sistema les funcionó muy bien por dos siglos, ¿por qué arriesgarse a perderlo para adaptarlo por y con quienes no comparten sus valores más íntimos? 

El sistema norteamericano es de principios y valores rígidos. El conservadurismo detesta experimentar con lo desconocido o foráneo.

El mainstream de la sociedad conservadora norteamericana no quiere soltar lo que ya conoce, y lo siente muy propio. 

¿Nacionalismo o intolerancia?

Ahora Donald Trump no tendrá oponente republicano. Y su reciente victoria partidaria le generará mayor arrastre. 

Pero hay otras preguntas que yacen en el tapete luego que Paul Ryan el Speaker del Congreso, dijera que “Trump ha ganado el voto popular,  pero no representa todos los valores  republicanos”. ¿Dilema o cisma? ¿O el republicanismo ya ha perdido su atractivo popular? ¿Irá Trump sin apoyo total  partidario?

¿Finalmente, calmará sus ímpetus y guardará su hacha? ¿O esto es un impase de moderación mientras llega la señora Clinton con todo su bagaje de guerrera probada, alumna docta y retórica afinada en foros y estrados globales?

¡Sin dudas, será un debate entre dos feroces líderes de reinos incomparables! El reto será mayor para Trump. 

Pero sí estoy seguro que la sociedad apuntalada por los ideales liberales de Jefferson, Hamilton, Paine, no será igual. Ya  está enfrentada a sí misma. 

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