Arnulfo Urrutia M.
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Apenas nos instalábamos, cuando las personas se comenzaron a acercar “cautelosas” al pequeño stand de dos metros cuadrados. En sus rostros se podía leer la sorpresa: ¡Libros en una fritanga!  

Iniciábamos un experimento cuya hipótesis es: “Los nicas leemos poco, porque los libros no están accesibles”. Y… lo que son las casualidades de la vida, Ernesto Medina, rector de la UAM y su esposa, fueron de los primeros sorprendidos aquella tarde que iniciamos. También fueron nuestros primeros clientes. 

El experimento, que finalizó el 29 de abril, consistió en montar un punto de venta durante diez días, con horario de 5:30 a 9:00 de la noche, en la mejor y más concurrida fritanga de Nicaragua, “Asados Doña Tania”, en Colonial Los Robles.

Las condiciones en que se desarrolló este ensayo que confirmó nuestra hipótesis, fueron las siguientes: dos libros de temática emprendedora de mi autoría; cero publicidad; autor sin fama; un modesto stand; una vendedora; una encargada; gran afluencia de personas y un precio de C$150.00 cada libro.   

La experiencia se puede calificar como un éxito moderado. Esperábamos mucho más, pero se vendió muy por encima de lo que vendemos en las librerías. Como siempre, hubo personas gratamente sorprendidas y otras que al abordarlas decían, –por favor no me atrase que vengo con hambre –. Y es lógico. ¿Quién con hambre y sintiendo los efluvios de la rica carne asada quiere perder tiempo en libros? 

Ahora bien, no es remoto que mientras leen estas líneas, algunas personas piensen: ¿Pero, no es contraproducente que un escritor esté en una comidería, poniendo sus libros al mismo nivel de una carne asada?  Tienen razón, en pensarlo. No se estila. Por eso, muchos no lo hacen y tampoco venden sus libros. 

Pero como yo no soy escritor, sino, un atrevido que ha publicado tres libros por puro afán de promover la cultura emprendedora en nuestro país, no tengo problema con venderlos en los lugares menos esperados.

Además, siempre he trabajado bajo el lema: si la montaña no viene a mí, yo me voy a la montaña. 

Chiquilistagua, mayo de 2016

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