Jorge Isaac Bautista Lara
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Establezcamos un elemento base: el trabajo es una actividad positiva que nos aporta el salario y nos permite los recursos para nuestra manutención y de la familia. Dando el espacio, el lugar, donde logramos un desarrollo físico y mental que nos da vitalidad al organismo, al cuerpo. Es la actividad que nos ayuda a mantenernos activos, despiertos, con sentido de utilidad, que nos ayuda a mantener la autoestima. Es decir; sentirnos útiles en familia y sociedad. Esto no impide constatar que de la misma actividad laborar pueden derivar efectos dañosos psíquicos y físicos, así como emocionales. Esto está predeterminado por las condiciones de trabajo y trato. Para esto, el empleador debe combatir  las fuentes, orígenes, con el objetivo de prevenirlos, disminuirlos y en lo posible eliminarlos. Existen algunos tipos de trabajos que, por su naturaleza, son generadores de estrés (por lo delicado o por lo exasperantemente repetitivo). Ahí derivan fatiga física y mental. La amenaza al despido produce también fatiga, depresión, estrés y sufrimiento; y da otro subproducto: desmotivación laboral. Si eliminamos o disminuimos causas, eliminamos efecto y funcionará mejor el engranaje de la empresa. La lógica apunta a no sobrepasar las capacidades físicas de nuestros trabajadores (seres humanos). Al hacerlo estamos creando el BURN-OUT, que popularmente llamamos como “quemar” a un trabajador (“sobrecarga emocional”): que es  un desgaste interno extremo (agotamiento). Pero al hablar de trabajo hemos de reconocer, que entre hombre y mujeres existe diferencia biológica. Así el trabajo durante el embarazo no está prohibido, pero llama a crear condiciones y beneficios que impidan trastornos en la madre y niño. 

Estimado lector, apelo en aplicar lo que a continuación describiré, “el teatro de la imaginación de las mentes” y me permito reconstruir las situaciones a narrar, sin olvidar que somos hijos de mujer, madres también. En caso de ser por adopción, esto exige también empatía con la maternidad. La maternidad nos es consustancial al ser humano. Ese eslabón vital que nos da vida y la alegría de vivir está vinculado al ser mujer de nuestras madres. A medida que avanza el embarazo, una mujer está cada vez menos capacitada para realizar actividades físicas, y nuestra empatía de ser humano nos lo señala.

Permítanme plantear dos casos de la vida real, observados en estos días, omitiendo los nombres de las empresa, pues se quiere ilustrar lo que, por desgracia, se está volviendo común y tolerable;  el objetivo es señalar y buscar cambios de actitudes personales e institucionales: 1. En el sector de las universidades de Managua, en una de las gasolineras atiende una cajera de unos 32 años, con 7 u 8 meses de embarazo, el tamaño es visible; inicia por la mañana y entrega por la tarde; 8 horas sin silla, de pie. En la mañana está fresca; a las 4 p.m. el semblante está descompuesto, intercalando piernas cada segundo de un lado a otro mientras recibe los pagos. ¿Cómo está?, contesta, “desesperada, tengo un dolor insoportable en  la planta del pie, en la pierna, rabadilla y espalda... ya no aguantaba”. Hagan un recorrido, pueden constatar.  2. En una de las librerías de prestigio ubicada en unos de los Centros comerciales de Managua, atiende al público una muchacha de unos 28 años (igual 7 u 8 meses de embarazo). Por la mañana está tranquila; a las 4:30 pm, a pesar de un aire acondicionado del local, suda copiosamente, rostro pálido, desmejorada, cambio de piernas lento y constante, se recuesta de un lado para otro en lo que puede. Presión arterial disparada, nadie le pasa agua, menos una silla. Ocho horas de pie atendiendo público. Se es testigo cuando llega una clienta, mujer, que exige un producto de mala manera, luego otro y otro; el semblante de la trabajadora era de súplica, sin palabras, por su barriga, no hubo comprensión ni consideración; la que requiere cualquier mujer que se encuentre en esas condiciones. No compró nada. Aquí corresponde a la Dirección de Higiene y Seguridad Industrial de INSS y MITRAB inspeccionar esto y adoptar medidas. Son las que tienen que velar por las condiciones en el trabajo. ¿Qué están haciendo en estos casos que están a vista y paciencia? ¿Por qué están manejando tan mal sus recursos humanos algunas empresas como en estos casos? Aquí existe responsabilidad del INSS y MITRAB en sus inspecciones; de la Empresa Privada en el mal trato a la maternidad de sus trabajadoras y nosotros también; por ser tan desconsiderados como clientes. Valores de estima y compasión que estamos perdiendo. Señores y señoras empresarios, revisen y proporcionen en el Día de la Madre y antes de celebrarlo, una silla por favor.

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