Esteban Solís R.
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El presidente de la República de China (Taiwán) Ma Ying- jeou se despedirá tras ocho años de mandato dejando una huella  imperecedera  desde su  convicción nacionalista reafirmando la soberanía de varias islas e islotes en el Mar de la China Meridional que también son reivindicadas por verdaderas potencias como  la propia China Continental y Japón, cuyo peso a escala internacional es indiscutible.  Otros países con mucha incidencia en Asia por su desarrollo económico tal es el caso de Brunei, Malasia, Vietnam y Filipinas, disputan estas aguas territoriales que al parecer, no está demostrado, almacena  cantidades inimaginables de petróleo y gas natural así como abundantes recursos pesqueros sin obviar que algunas zonas demandadas constituyen una ruta marítima estratégica  para el comercio internacional.

Según estudiosos de estos temas alrededor del mundo hay unas 60 disputas territoriales y de ellas unas 30 tienen que ver con formaciones insulares.  Taiwán es un país amigo, excesivamente  solidario y hasta podría decirse que ha sido un líder  en materia de cooperación sobre todo para el apoyo a los programas sociales que el gobierno del presidente Ortega ha ramificado por todo el territorio nacional. Sin embargo, la compleja situación internacional de Taiwán, me refiero a su limitado reconocimiento mundial,  gracias a China Continental que impide que acceda a organismos e instituciones internacionales para desde esos espacios plantear sus argumentos y defender su territorio, es un muro insalvable, al menos hasta hoy. El poderío económico y militar de China ha avivado un sentimiento negativo hacia el gigante asiático por parte de sus vecinos Filipinas, Japón, Malasia,  Vietnam y Brunei, que también reclaman parte de esas islas.

En esa dirección el mandatario taiwanés hizo dos arriesgadas visitas este año a la isla de Taiping y al islote Pengjia, la primera bajo el control político de Taipéi, para reafirmar la soberanía de ambos.

Digo arriesgada porque son territorios en disputa, no obstante, aprovechó para decir al mundo que Taiping es una isla y no una roca, como defiende Filipinas que le sirve de argumento para señalar que Taiwán no tiene por tanto, derecho a esas aguas territoriales. "Si está demostrado que se puede mantener habitada esta isla por seres humanos y tener una vida económica propia" remarcó el presidente.  Desde esta isla Ma Ying-jeou instó a la comunidad internacional  apoyar la iniciativa de paz (presentada en mayo de 2015) y que incluya a Taiwán en los mecanismos de negociación multilateral a fin de resguardar la paz y la estabilidad en la región.  La Hoja de Ruta presentada por el líder taiwanés se resume en seis puntos: Sí a la cooperación, a la participación y al pragmatismo y

No al  conflicto, al monopolio e intransigencia. Pero a  esta propuesta razonable y pacífica, la comunidad internacional no le otorga la dimensión necesaria por lo que explicábamos antes, la complicada situación exterior de Taiwán que batalla en el campo diplomático con la China Continental para intentar romper esa presión que le permita acceder a instancias regionales o extra regionales para reafirmar su soberanía.  El 20 de mayo asume la presidencia de Taiwán Tsai Ing-wen (Partido Democrático Progresista) a quien corresponderá empujar  la iniciativa de paz de su antecesor en el marco de una situación difícil por las limitaciones y la falta de apoyo y reconocimiento internacional a la isla. Será una prueba para Tsai, una mujer  con carácter  y mucha firmeza. No hay que olvidar que Estados Unidos también tiene intereses en esta región y sus zonas en disputa prueba de ello es que cuando el presidente Ma visitó la isla de Taiping, una portavoz en Washington dijo que la acción del jefe de Estado taiwanés no contribuía a la restauración pacífica en la controversia  en el Mar de la China Meridional. Está pendiente un veredicto de La Haya al que acudieron Filipinas y China Continental y no se tomó en cuenta a Taiwán, que ha reclamado por esa acción. Hay otras islas en conflicto, las Senkaku (Diaoyutai), ocho en total,  que reclaman Taiwán, Japón y China. Además, las reclamaciones se extienden a las islas y arrecifes de las Paracelso.

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