Michele Mommi
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Recuerdo el año pasado, en Italia, cuando acompañé en una Misión de Proyecto a representantes de organizaciones centroamericanas, como se quedaron sorprendidos al comentarles que en Italia quedaba mucho trabajo que hacer y que la discriminación sufrida por la población LGBTI es difícil de extirpar, incluso en un contexto diferente como el europeo.

Soy activista de Arcigay, la principal organización de la diversidad sexual italiana, que mediante el proyecto “Centroamérica Diferente”, cofinanciado por la Unión Europea y coejecutado por Terra Nuova, comparte con sus socios centroamericanos experiencias, buenas prácticas, retos e incertidumbres.

Desde luego Italia ha sido por muchos años una excepción en el contexto europeo, siendo el último país de Europa occidental en no reconocer los derechos de las parejas del mismo sexo. Hasta el pasado miércoles, cuando finalmente, después de muchos años de intentos legislativos y tentativos de mediación, Italia ha reconocido la cuestión de las parejas de hecho, tanto de personas heterosexuales, como de homosexuales.

Mediante esta ley, miles de italianos verán finalmente reconocidos sus sentimientos, sus nexos afectivos, pudiendo asistir a sus parejas ingresadas en hospitales, decidir sobre sus medicamentos o donación de órganos, en el caso de coma, y de heredar los bienes del partner fallecido. La ley también prevé ayuda recíproca moral y material, la pensión de supervivencia, el permiso de residencia para el cónyuge extranjero y la posibilidad de adquirir el apellido del compañero.

El voto del miércoles constituye sin duda un reconocimiento oficial por parte del Estado acerca de la existencia de la población LGBTI, ya que por primera vez objeto de una ley, aunque no representa el objetivo final de nuestras reivindicaciones políticas, ya que mucho queda por hacer para garantizar una plena igualdad para todas y todos.

Es un señal importante por parte de las instituciones que de esa forma reconocen el derecho a la felicidad a otras formas de familias, formadas por dos personas que se aman, independientemente de su sexo biológico, silenciando así quienes siguen considerando la homosexualidad una enfermedad (a pesar de que la Organización Mundial de la Salud eliminó desde el 17 de Mayo de 1990 – fecha en la que desde entonces se celebra el Día Internacional contra la Homofobia - la homosexualidad de las listas de enfermedades mentales), aquellos padres que no aceptan a sus hijos gais e hijas lesbianas y a aquellas instituciones que nunca nos han tomado en cuenta en sus políticas.

Sin embargo, las felicitaciones recibidas en estos días por nuestros compañeros centroamericanos me han enorgullecido, sintiéndome parte de un único movimiento global para la igualdad que a lo largo de la historia ha tenido actores diferentes: las mujeres, las personas de color y ahora nos toca a nosotros.

*Activista de Arcigay.

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