Esteban Solís R.
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He seguido con atención cómo grupos políticos bastante bien organizados, y parapetados en algunos medios de comunicación que transpiran, según ellos, democracia, desde su perspectiva política y con pretensiones fallidas de desacreditarlo, han cuestionado a un colectivo internacional de especialistas electorales que recientemente a invitación del Consejo Supremo Electoral (CSE), acompañaron a los magistrados de este poder del Estado al anuncio del inicio de la campaña electoral de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de 2016. Como un guion raído y opaco ante el paso del tiempo, repiten sin argumentos que cada uno de los especialistas electorales son afines al sandinismo, al bolivarianismo, al chavismo y otras mediocridades sin siquiera mostrar una pizca de respeto no solamente para estos ilustres académicos latinoamericanos, sino para los nicaragüenses que los leen, los  oyen o ven en los programas noticiosos o de opinión por la televisión.

Si atacar sin sentido a estas personas es hacer política, pues allá ellos, lo único que sugiero es que intenten al menos indagar  quiénes son estas personas, cuya carrera profesional en el ámbito electoral es impresionante, no solamente por su actitud individual, sino que la gran mayoría de ellos, incluyendo a las damas que no pudieron ese día acompañar a los magistrados del CSE, han sido jefes de misiones de observación electoral no solamente de la Organización de Estados Americanos (OEA) por la que clama nuestra oposición, sino de otras entidades regionales y continentales. Incluso, muchos de ellos han estado en Nicaragua en tiempos de elecciones, gozan de respeto y credibilidad internacional.  Sin embargo, ese lado lo ocultan a sus lectores, oyentes y televidentes, con el clarísimo propósito de engañar y manipular para hacer creer que estos especialistas en temas electorales no tienen la más mínima credibilidad ante el mundo.

Los atacan porque políticamente no son afines a sus intenciones oscuras por desacreditar al CSE y a su presidente Roberto Rivas Reyes. Para darles gusto hay que invitar a sus amigos, a quienes están revestidos por un manto regional o continental supervisado por los Estados Unidos o por la Unión Europea, esos sí, son buenos, son imparciales, son verdaderos profesionales, son más que expertos electorales. Como diría mi abuelita  ¡cómo no chon! 

Estos mismos que todos los días ruegan porque extranjeros vigilen nuestras elecciones, como en el siglo pasado, creen que los nicaragüenses somos idiotas, que no podemos responsabilizarnos de nuestro propio proceso electoral, y de hacer una verdadera celebración cívica de las elecciones. Según estos voceros derechosos sus vigilantes electorales internacionales y locales deberían ser invitados para cumplir tareas más allá de su ámbito como por ejemplo “chequear la honestidad del conteo y la distribución de los votos o advertir sobre los actos reales y potenciales de intimidación a los votantes”.

Tremendo papelón, porque la intromisión se extendería hasta para que los ciudadanos reciban la información adecuada para ejercer el derecho de votar y elegir. Reitero, estos personajes creen que los nicaragüenses somos idiotas. No tengo nada, ya lo he dicho en repetidas ocasiones, contra la observación electoral,  acompañamiento electoral o  participar como invitado a un proceso eleccionario, como acostumbra recordar el ex  vicepresidente Jaime Morales Carazo, según las leyes electorales en México. Sin embargo, los nicaragüenses merecemos darnos un respiro, que seamos nosotros mismos sin injerencias de ningún tipo, los que disfrutemos de nuestras elecciones, con nuestros fiscales, con nuestras Juntas Receptoras de Votos, con nuestras autoridades regionales, municipales y departamentales. 

 Se dice con frecuencia que si el sandinismo está seguro de repetir una victoria en noviembre de 2016 ¿por qué no permite la vigilancia electoral internacional?  Yo afirmo: si la oposición dice que ganará esas elecciones porque el pueblo ya está harto de este Gobierno, que en Nicaragua hay una democracia ficticia, que las cifras económicas son maquilladas, que no hay respeto a la institucionalidad, que la seguridad es relativa, etc., eso quiere decir que el triunfo lo tienen en la mano y que solo es cuestión de poner un pequeño ejército de fiscales para que garanticen la defensa de sus votos y asunto acabado. Vamos, ese es el reto.

* Periodista

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