Galo Muñoz Arce
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Tener más no hace más felices a las personas. Desde esa perspectiva, no interesa cuántas cosas  produce una persona en su vida, sino, cómo las cosas de las que dispone le ayudan a tener un mejor nivel de vida. Esto significa que hay que superar esta religión dominante del crecimiento económico. De la acumulación incesante de bienes materiales y la lógica misma del progreso que está desde hace mucho tiempo, -quizá más de quinientos años- nutriendo las bases de la economía capitalista.

Este dilema no va a resolverse de la noche a la mañana. Hay que construir como recomienda una y otra vez Eduardo Gudynas, transiciones  plurales, claras y precisas a través de horizontes utópicos como puede ser el buen vivir o Sumak Kawsay.

El buen vivir en tanto propuesta despejada de prejuicios y en construcción abre la puerta para formular visiones alternativas de vida con su postulación de armonía con la naturaleza, de reciprocidad, de relacionalidad, de complementariedad y de solidaridad entre individuos y comunidades.

En este contexto, la desmercantilización de la naturaleza, como parte de un reconocimiento consciente con la Pachamama, es un asunto crucial. Sin rodeos, la economía debe subordinarse a la ecología. La desmercantilización de la naturaleza, vendrá de la mano de la desmercantilización de los procesos productivos orientada a una producción más eficiente capaz de utilizar menos recursos.

Otro tema medular a tener en cuenta será que la gran mayoría de la población  condenada sistemáticamente a la exclusión e incluso a la pobreza, no reflexiona sobre estas cuestiones. Por el contrario aspira permanentemente a vivir con los niveles de consumo que tienen los grupos más acomodados a nivel mundial y nacional. Sin preguntarse, si es o no posible e inclusive conveniente.

Se debe recordar que la sociedad en el Norte y en el Sur, esta bombardeada con masivos mensajes que le predisponen al consumismo e inclusive parece que a los marginados se les hubiera colocado en la cabeza un clip consumista de  aspiraciones elevadas pero que no puede cumplir por carecer de los recursos para financiarlas o porque si esto se produjera se ahondarían los problemas ambientales globales.

De la mano del consumismo viene el despilfarro de todo tipo. Así  por ejemplo, según la FAO al año se desperdician más de 1.3 mil millones de toneladas de alimentos prácticamente comestibles, 670 millones en el Norte global y 630 en el Sur global. Estas situaciones alarmantes desde cualquier punto de vista se agravan cuando  cada vez más superficie agrícola e ingentes recursos de todo tipo se destinan para producir suministros para los automóviles, los agrocombustibles y no para atender la demanda alimentaria.

Desde esta perspectiva, el Buen Vivir o Sumak Kawsay, se plantea como una idea movilizadora, una utopía, un gran sueño que permitirá articular voluntades hacia un nuevo horizonte de sentidos Una idea movilizadora que cuestiona al mundo tal y como está concebido. 

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