Cristina Arévalo Contreras
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Solicité a un grupo de lesbianas jóvenes que compartieran frases discriminatorias que les han dicho o han escuchado en sus vidas. Las siguientes frases son solo una pequeña muestra de lo que nos dicen en la calle y en los ámbitos familiares.

“En mi casa no puedo tener una hija lesbiana, de tenerla, la corro”; “Sos cochona porque ningún hombre te ha sabido coger bien”; “Prefiero que mi hija sea puta a que sea lesbiana”; “Qué pecado estaré pagando para que me saliera cochona”; "Te voy a comprar ropa más femenina y te dejaré ir a discos para que conozcas chavalos y se te olvide esa locura "; "Mantenete al margen para que nadie diga nada"; "¿No será que te violaron?"; "Esa es una etapa”; "Ya no quiero ser tu amiga porque sos lesbiana y te vas a enamorar de mí"; "¿Practicas el lesbianismo? ¡Qué asco!"; "¿Cómo tienen sexo las mujeres si no se van hacer nada?"; “Una que me marcó mucho fue cuando mi mamá me dijo que yo era un castigo de Dios y que por mi culpa hasta en depresión entró... que casi se muere por mi culpa.”

El clásico “mejor puta que lesbiana” deja claro que el sexo por dinero puede ser tolerado porque al fin y al cabo es para satisfacer una demanda masculina, en cambio el lesbianismo representa una afrenta a la heterosexualidad, ya que las mujeres desarrollan su experiencia erótica sin contar con la participación de los hombres.

La típica frase que apela a una etapa pasajera, intenta lograr que las chicas desconfíen de su cuerpo y sus deseos, colocando a la heterosexualidad como la expresión normal y deseada por todas las mujeres –por fortuna para la mayoría de lesbianas el deseo se ha hecho eterno-.  

Recordarnos que lo que nos hace falta es un hombre “competente” para que nos enseñe el verdadero placer, es una forma de exagerar la potencia sexual de los hombres, pero sobre la no aceptación de que no necesitamos ningún hombre porque nuestro objeto de deseo es “una mujer”.

Están también las frases que nos insisten en que hagamos todo lo posible porque no se nos note, como si hubiese una única manera de ser lesbiana, como si hubiese un tercer ojo que todo lo ve. Nunca he entendido qué es lo que se nos nota y al mismo tiempo me pregunto ¿A las personas heterosexuales se les nota?

O esta terrible idea de que a las lesbianas nos gustan todas las mujeres y por lo tanto somos unas depravadas sexuales. ¿Será que asocian a una lesbiana con el comportamiento sexual de muchos hombres y por lo tanto consideran que las lesbianas son más hombres que mujeres? ¿Será que piensan que a las mujeres heterosexuales solo les gusta un hombre de una vez y para siempre?

Estas frases y otras que circulan por los lenguajes cotidianos son una clara muestra de cómo se manifiesta la discriminación hacia las mujeres que nos salimos del camino heterosexual. También experimentamos la discriminación con insultos, miradas que intimidan, golpizas que intentan “componernos”, violaciones correctivas.  

Frente a tanta violencia y discriminación es necesario construir nuevos relatos que reconozcan la diversidad de experiencias eróticas como parte de la riqueza humana. No es posible continuar fomentando la cultura del menosprecio, como dijo Rincón Gallardo, quien también nos recuerda que: “Las preferencias sexuales son parte de las libertades fundamentales de una sociedad democrática. La no discriminación es una manera de garantizar esta libertad sin opinar, porque ello solo incumbe a los interesados, acerca de su valor moral o religioso”, a propósito del Día Internacional contra la homo-lesbo-transfobia.

Las lesbianas tenemos derecho a vivir libres de discriminación.

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