Orlando López-Selva
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¡Qué bien que siempre se cuelan agradables noticias desde lugares que poca tinta le ponen a los titulares periodísticos!

Supimos que Portugal ya tenía 104 horas viviendo sin combustibles fósiles. Esto es un gran suceso que debe alegrarnos, porque los lusos están haciendo bien las cosas: depender menos del petróleo y sus derivados. Y así luchar para  revertir y mitigar los efectos del calentamiento global.

Si esto lo aterrizamos a nuestra realidad, es un buen precedente. Resulta dramático ver que en los pronósticos meteorológicos internacionales, en estos días, Managua ha aparecido teniendo 42 grados centígrados y Riad (la capital de Arabia Saudí) con 40. ¿Verdad que parece inverosímil? Y eso que no vivimos en el desierto. ¿O ya lo estamos y no nos hemos dado cuenta?

No solo es terrible; es desolador, inusitado.

¿El hombre pasó de ser Rey de la Tierra a destructor de la misma? ¿Cómo revertir las muertes y daños causados a las otras especies vivas? 

Las noticias de Nicaragua son igualmente alarmantes, pues aquí, además del calor por arriba de los 40 grados centígrados (más de 100, Fahrenheit), se suman otras tragedias naturales: se secan ríos, lagunas y los lagos pierden también gran cantidad de agua por evaporación. En otras palabras, cada año deterioramos el hábitat, nuestra salud y vida. Si hay altas temperaturas, aumentan los insectos que propagan más enfermedades contagiosas. Más personas se ven afectadas de problemas cardiovasculares. 

Consecuencias económicas: cada día crecen más las zonas improductivas; producimos y exportamos menos, perdemos ingresos del exterior; la escasez de agua es un daño para la agricultura y la producción de energía hidroeléctrica misma; y al darse más enfermedades producidas por mosquitos, el presupuesto destinado para combatir los males derivados crece. Ello obliga a invertir menores recursos financieros y tecnológicos en áreas productivas. 

Un país enfermo es más improductivo y poco competitivo. Así… ¿cuándo vamos a dejar de ser una economía subdesarrollada?  

La solución no yace en lo que únicamente las autoridades públicas hagan. Todos debemos actuar.

Somos culpables. Pero la culpabilidad nos debe estimular. 

No daré acá una lista de medidas y acciones que debamos poner en práctica para mejorar nuestro entorno. Esa es tarea de los expertos en la materia. Pero sí estoy consciente de que todos debemos actuar ya para enmendar el mal. 

Cada vez que arrancamos la hoja de un árbol, desperdiciamos electricidad, dejamos abierto un grifo o botamos basura, estamos dañando a nuestro país y al planeta entero. Cometemos un crimen presente y futuro. 

¿Pensamos dejarles un desierto a nuestros descendientes? Si así fuere, ¿los países de cultura árabe serían los grandes sobrevivientes? ¿Debemos volver al campo y olvidar lo urbano? ¿Cuál es nuestra responsabilidad moral si las próximas  generaciones heredasen un planeta inhóspito?

Si así resultare todo, la ciencia cuando investiga sobre la vida interplanetaria o exoplanetaria, no busca solo conocimientos sino alternativas de sobrevivencia global. 

¿No es suficiente con los otros factores que amenazan a la humanidad, fauna y flora guerras, pobreza material,  ignorancia, dictaduras?

En cuanto a la reconversión de la matriz de generación eléctrica, Europa marcha a la cabeza en cuanto a energía generada por el viento. “En 2015, la energía eólica solamente generó un 42% de toda la demanda de energía de Dinamarca; un 20% de la de España; un 13% de la de Alemania; y un 11% de la del Reino Unido”. Son buenos ejemplos a seguir.

En Centroamérica, Costa Rica lleva la delantera con una generación no dependiente de los combustibles fósiles, superior al 90%. Nicaragua ronda el 52%. Es bastante. Hemos mejorado. Pero necesitamos avanzar más.

No todo se queda ahí. También deberá haber, en paralelo, acciones institucionales, edilicias, corporativas, empresariales. Pero serán mucho más importante, las familiares e individuales.  

La contraparte a esto es que, vivir en el trópico implica tener abundante sol todo el año. ¡Cuánto lo quisieran los países nórdicos! 

Así, la proeza portuguesa para impulsar a su país con energía renovable debe cundir. La Tierra no creo que tenga tantas vidas como para destruirla inconsciente e inmisericordemente.

Recuerdo que en los años 60, este servidor se ponía suéter en noviembre, diciembre y enero.

Entonces Nicaragua era un país cuyo territorio tenía ¾ de bosques.

El fundador de los scouts, Baden Powell, decía que, al irse de un lugar, hay que dejarlo en mejor estado, que como lo encontramos. Una gran frase para esta época. 

¿Es posible volver a vivir aquellos buenos tiempos cuando el calor era parte de un ciclo, no una amenaza?   

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