Johanni Miranda*
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La comunidad autóctona de Isla San Andrés y Providencia, Colombia, comúnmente llamados raizales, es una etnia con identidad cultural con la población nicaragüense de Bluefields, reducidos a un 33% del total de habitantes de las islas y que hasta antes de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 19NOV2012 que restituyó derechos de Nicaragua en el Mar Caribe al este del meridiano 82, se dedicaban en su mayoría a la explotación irracional de nuestros recursos pesqueros, trabajando en barcos industriales no colombianos que proveían productos del mar para alimentar a los turistas que invaden sus lares y para exportarlo a territorio continental colombiano.

Durante mucho tiempo esta comunidad, representada por el Movimiento Archipiélago, por la Autonomía Étnica Nativa (AMEN-SD) ha sido marginada y mantenida bajo la lupa de la inteligencia colombiana por sus deseos separatistas.

Actualmente viven un proceso de referendo, que debió realizarse en 2015, para consultar a los isleños si preferirían ser territorio autónomo; dicho sea de paso no ha sido bien visto por el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos quien ha influido para que dicho acto no se materialice, ya que si los raizales lograran un sí mayoritario radicarían una resolución de independencia ante la Organización de Naciones Unidas.

Recién el 18 de marzo pasado, un día después que la CIJ se declarara competente para seguir conociendo dos demandas que Nicaragua interpuso en contra de Colombia por Violación a sus Derechos Soberanos y Espacios Marítimos en el Mar Caribe y de Delimitación de su Plataforma Continental Extendida, el Presidente de Colombia, llegó a San Andrés a “politiquear” y fue recibido por un grupo consistente de miembros de la comunidad raizal que protestó mientras discursaba incendiariamente que no comparecería ante la Corte de La Haya y que “la soberanía la defenderemos hasta la muerte”.

“Por qué es tan difícil conseguir una entrevista con el Presidente de nuestra Nación, mientras que cuando hicimos una solicitud para una entrevista con el Presidente de la hermana República de Nicaragua (Daniel Ortega) por intermedio de la cancillería de ese país, a la media hora ya teníamos una respuesta” se cuestionaron en esa oportunidad los raizales protestantes.

Por demás, las voces raizales daban vivas a Nicaragua y a “Ortega”, refiriéndose al Presidente nicaragüense; señalaban en las propias narices del Pdte. de Colombia que preferían ser de Nicaragua y que querían quemar las cédulas colombianas; pero más allá de los gritos las verdaderas intenciones del pueblo raizal es la integración a las negociaciones que deben darse con Nicaragua para la ejecución de la sentencia de 2012, porque a pesar de sentirse perjudicados, están más claros que cualquier otro colombiano en que se debe ejecutar la decisión judicial.

Para los raizales, hay muchas más opciones que los unen con Nicaragua, principalmente la de “compartir un grupo cultural similar, creol y ser familia entre la costa nicaragüense, las islas del Maíz y Bluefields”, por lo que persiguen restablecer una mayor comunicabilidad, intercambio cultural, deportivo, económico y social con requisitos mínimos como la no existencia de visa con Nicaragua, una vez que el Gobierno colombiano permita ese acercamiento con la patria de Darío y Sandino.

*Abogado.

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