Roberto Sánchez Ramírez
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Conocí al profesor Guillermo Rothschuh Tablada, cuando llegué a matricularme en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena para el curso 1954-1955. Era el director más joven de todos los centros de secundaria de Nicaragua. Tenía para entonces 28 años.

Nació Guillermo en Juigalpa, Chontales, un día como hoy 27 de mayo de 1926, o sea que cumple 90 años. Tuve, igual que muchos jóvenes, la gran oportunidad de que haya sido nuestro director y profesor de literatura, mentor y amigo. Después de 62 años, cuando nos encontramos los compañeros de entonces, es inevitable hablar de Guillermo, por la mucha influencia que tuvo en nuestras vidas.

En 1946 se graduó de maestro en la Escuela Normal Central de Varones en Managua. Desde entonces fue maestro y director de escuela primaria, Inspector Departamental de Educación en Chontales, a los 23 años, cuando el criterio de la edad se imponía sobre la capacidad. En 1949 fue nombrado director del Instituto Nacional “Josefa Toledo de Aguerri, en Juigalpa, Chontales.

De 1953 a 1958 fue director del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena. Ese quinquenio ha sido considerado como la experiencia educativa más importante, en la historia de Nicaragua. Amerita un estudio que permita retomar aquellos logros que repercutieron a nivel nacional. Hubo una especie de cogobierno, con la participación de la dirección, docentes y estudiantes.

Jóvenes que teníamos un promedio de 15 años, fuimos capaces de publicar periódicos mimeografiados y murales. Se llegó a tener comités para el desarrollo de actividades intelectuales y deportivas. Se contaba con eficientes y respetados profesores, como doña Leonor García vda. de Estrada, don Salvador Hernández Salinas, el subdirector profesor Jenaro Octavio Sánchez Ponce.

Tuvimos de inspector al poeta Fernando Silva Espinoza.

Fueron determinantes el profesor Ramón Chow Díaz y el bibliotecario Carlos Fonseca Amador, quien llegó a ser un verdadero líder, promotor de muchas actividades, como interpretar la batalla de San Jacinto, en el propio sitio, entonces abandonado, en septiembre de 1955. Allí nació el proyecto de levantar un monumento al soldado Andrés Castro que se concretó en septiembre de 1956, por suscripción popular y el aporte de profesores y estudiantes.

Iniciamos el rescate de nuestros héroes nacionales, con Manuel Mongalo en Rivas. El general Benjamín Zeledón. La polémica giraba alrededor del Goyena, tremenda fue la del mural que llevaba el nombre de La Raza, del pintor Francisco Pérez Carrillo. Por iniciativa del Goyena se abrieron bibliotecas infantiles a nivel nacional, promovidas por alumnos originarios de cada localidad.

El Goyena propició la formación que se proyectó años después en la lucha revolucionaria, a través de Carlos Fonseca Amador, Jorge Navarro, Francisco Buitrago Castillo, Eduardo Medina Borgen, Ballardo Altamirano. Los jóvenes teníamos la oportunidad de participar en tertulias al atardecer, en los patios del Goyena, con Manuel Díaz y Sotelo, el poeta Emilio Quintana, Nemesio Porras Mendieta. Visitamos antes de fallecer a Manolo Cuadra y al poeta Alfonso Cortés.

Rothschuh proyectó en nosotros a Chontales. Compartimos actividades con el Clan Intelectual.

Conocimos a los profesores Gregorio Aguilar Barea, a Mariano Miranda. Nos descubrió Chontales a través de la poesía, en la selección titulada Chontales en la Poesía Nicaragüense. Su producción literaria va desde las elegías al cedro hasta las Letanías a Catarrán.

Llega Guillermo a sus 90 años, sin la compañía física de su musa María Elba. Sus hijos Jorge y Vladimir residen en México, Guillermo en Managua. Está con él en Juigalpa, su hija Luzana. Escribí compañía física, pues el recuerdo de María Elba siempre está con el poeta. Después de 62 años, tengo presente la imagen juvenil de nuestro mentor y amigo. Gracias profesor Rothschuh Tablada, en sus 90 años, bien vividos y merecidos. Usted no ha perdido el tiempo.

Mayo 2016.

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