Lesli Nicaragua
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Como el olor de las almendras amargas, el que estas elecciones presidenciales de noviembre las decidieran los milénicos –término sugerido por la Fundación del Español Urgente en lugar de milenialls- era de esperarse. El contexto lo permitía y la última encuesta realizada por Cid Gallup y publicada esta semana pasada por El Nuevo Diario lo confirmó. El 43 por ciento de los electores son jóvenes nacidos entre los 90 y el 2000. Y más aún: no deciden, todavía, hacia qué lado de la balanza se inclinarán.

También esta semana, mientras sugería temas a mis estudiantes  de taller de escritura para la redacción de un ensayo  argumentativo, surgió el tópico de las elecciones. Tan espontáneo, que la clase se convirtió, de pronto, en escenario de debates sobre ir o no a votar. He de decir que si bien algunos no asimilaban todavía la teoría y la práctica de la argumentación, ese día les quedó tan claro, que las razones con que defendieron sus tesis les bastará para su decisión personal.

Pero lo que me llamó la atención es que todos, chavalos de entre 17 y  20 años de diversas carreras universitarias,  si bien no mostraban una apatía exagerada al menos explicaban que no les interesaba mucho la idea de ir a votar. Es más, la mayoría no sabía que pendía de sus votos el futuro de este país. Les expliqué cómo el contexto actual les dio la oportunidad de elegir su futuro, algo que no siempre se les concede a los pueblos.

Con la experiencia y la historia a mi favor, les expuse los contextos del proyecto de los años ochenta, en los que lamentablemente un enorme tajo etario juvenil perdió la vida defendiendo su patria, luchando absurdamente hermanos contra hermanos, y que esos no votarán en estas elecciones. La “libertad” condicionada exógenamente en que ellos nacieron, en los turbulentos años 90. Y la llegada de las tecnologías y el desarrollo socioeconómico de los últimos diez años. Toda una muy cercana vivencia que los proyectó a ser los llamados a decidir este noviembre.   

Con la imparcialidad con que se debe abordar un espinoso tema como este en el sistema académico superior, por el sarpullido que puede levantar en las pieles de los apóstatas de la democracia, a pesar de que es más una lección de civismo que todo nicaragüense debe implementar con sus semejantes menores, les insté a sufragrar, por las ideas o las personas que sean más afines a sus creencias, a sus simpatías.

Les dije que, como en los temas espirituales, uno debe buscar un lugar donde se sienta bien y se enseñe la Biblia, que al fin eso es lo que más importa. Pero que también investigaran, como harán en sus ensayos, para tener a mano el mayor número de datos que les ayude a decidir. Que pregunten. Pero sobre todo, que vean, porque como se dice, el que tenga ojos, que vea. Que comparen. Porque en este noviembre, cuando nos levantemos el día de las elecciones, en las manos de nuestros milénicos estará  el futuro de la presidencia.

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