Augusto Zamora R.*
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Visitó Obama el pasado viernes Hiroshima, ciudad mártir con Nagasaki, que EE.UU. usó para probar el arma atómica, viendo más a la Unión Soviética que al derrotado Japón.

Acto de contrición a medias, pues no ha pedido perdón (los duros vaqueros del Oeste nunca lo piden), como tampoco Japón a pedido perdón por las masacres en China.

Pidió Obama un mundo sin armas nucleares, propósito que compartimos a plenitud, pero que lejos queda de las realidades del juego de poderes, ocultado cuidadosamente.

EE.UU. lleva años modernizando su arsenal nuclear y probando nuevas ojivas, más pequeñas y de mayor poder destructivo. Sus planes militares siguen apostando por la supremacía mundial, obligando a potencias como Rusia y China a seguir igual camino.

EE.UU. genera el 60% del gasto militar mundial -600,000 millones de dólares-, cifra que resulta insostenible a largo plazo a un país que representa el 18% de la economía global.

Para mantener un gasto tan irracional, EE.UU. ha venido endeudándose sin parar, siendo hoy el país con mayor deuda externa del mundo. Solo a Arabia Saudí debe 116,800 millones de dólares.

Debe a China 1.3 billones de dólares y 1.1 billones a Japón.

Cifras astronómicas, que resultan incluso difíciles de imaginar. Como es inimaginable pretender mantener una supremacía endeudándose con el enemigo, caso con China.

Todos los imperios se sueñan inmortales. EE.UU. no iba a ser la excepción. Pero, decía Calderón de la Barca, que los sueños… sueños son.

az.sinveniracuento@gmail.com

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