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El 12 de mayo el Senado Federal de Brasil, dio trámite judicial contra la presidenta, Dilma Rousseff, sometiéndola a juicio político.

La presidenta quedará suspendida por seis meses aproximadamente, según lo estipula la ley brasileña, mientras se presentan los argumentos en el senado (transformado en un tribunal de justicia), liderado por el presidente de la Corte Suprema.

Puede ser absuelta al final del proceso y reinstaurada en el poder, pero si es condenada perdería su mandato, además de ser proscrita de la actividad política durante ocho años.

Se considera que la transferencia de poder al vicepresidente Michel Temer es definitiva, y que este continuará el mandato hasta su último término legal, en 2018.

En el país la crisis política seguirá y posiblemente se profundice hasta las próximas elecciones de 2018.

Temer es el líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Es líder nominal porque hace tiempo el partido se transformó en una federación de intereses regionales que no responden a una dirección central.

La dificultad de una configuración de este tipo queda ilustrada por la incapacidad de los expresidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inacio Lula da Silva, además de la propia Rousseff, para hacer un pacto similar.

Los presidentes han intentado comprar el apoyo del partido, involucrando a su dirección nacional, descubriendo, que el mismo solo puede comprarse al por menor (grupo por grupo). Son partidos pequeños, creados para negociar a pequeña escala y que están en un movimiento institucional perpetuo; desprovisto de perspectiva política o de un programa coherente, respaldan a cualquier Gobierno que sea capaz de otorgar cargos y recursos públicos.

La adhesión perdura en función de la probabilidad de que la administración permanezca en el poder. Cuando se deterioran las probabilidades de supervivencia, las deserciones masivas aceleran la desaparición del Gobierno.

Al final, la única diferencia entre la coalición desalojada y la que tomará el poder es la sustitución del Partido de los Trabajadores (PT) por el Partido Social Democracia Brasileña (PSDB). La “nueva” configuración política es tan inestable como la que acaba de ser reemplazada.

El nuevo equipo de Temer comienza su administración prometiendo reformas económicas liberales duras. El nuevo Ministro de Economía Henrique Meirelles anuncia la necesidad de controlar los déficits fiscales, pero sabe que no hay nada que pueda hacer la diferencia en el corto y mediano plazo que él pueda utilizar.

El discurso es claramente conservador, la única diferencia con respecto a tal discurso, posterior a la reelección de Rousseff, es la consideración de nuevas privatizaciones entre las formas de mejorar la situación financiera del Gobierno federal. Al Gobierno probablemente le ayude el hecho de que hay muchos indicios de que la economía está tocando fondo.

Las economías capitalistas, son cíclicas, aun cuando los gobiernos no adoptan políticas económicas equivocadas. La caída de la producción en 2015, va tomando otro giro, se está recuperando, lo que será bien visto por el Gobierno, sus amigos y los partidos políticos, pero sin cambio sustancial serio, las posibilidades de retomar el crecimiento siempre serán escasas.

De no recuperarse la producción, se puede esperar una agudización de conflictos políticos, dirigidos por grupos organizados, como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y los sindicatos, sobre todo en el sector público, poniendo a prueba la determinación del nuevo Gobierno.

Si Temer no logra lidiar con ellos, se vería comprometida su permanencia en el cargo, abriéndose un nuevo periodo de crisis. Si el Gobierno recurre a la represión con riesgo de violencia, reforzará la acusación entre los votantes y la comunidad internacional, de que es producto de un golpe de Estado derechista. Tendrá que lidiar con problemas similares a los del primer año y medio del segundo mandato de Rousseff.

Las probabilidades de que la crisis política continúe, y se profundice son abrumadoras, incluso si la crisis económica se atenúa cuando la recesión toque fondo.

*Diplomático, Jurista y Politólogo.

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