Orlando López-Selva
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Es un hecho. El candidato republicano Donald J. Trump, el más adversado ―incluso por sus mismos correligionarios republicanos― es el líder en las recientes encuestas presidenciales norteamericanas. Muy a pesar de doña Hillary, su maquinaria pesada, sus habilidades y destrezas políticas, su experiencia, y su mayoritario y bien compacto partido demócrata. 

Trump lidera haciendo lo que no dictan los manuales: no es simpático con nadie, ni ético, ni conciliador, ni amigable.

Es un personaje anti-político haciendo política.

Pero, ¿Por qué lidera si hace todo lo que va contra la corriente?

Si no se siguen los manuales, ¿entonces, la política no es una ciencia predecible? 

Trump es lo que la mayoría estadounidense quiere. Punto. 

¿Dónde yace el desajuste? 

En mi opinión, no es  la política, ni los políticos, ni la gente. Son los medios los que nos habían acostumbrado, por su marketing,  a creer que todo estaba predeterminado, fijo, inamovible. O que el status quo era la realidad permanente. Algo así como el mundo acorde a Parménides, para quien nada cambiaba y todo era absoluto.

En los Estados Unidos toda está sujeto al rigor de la medición: estándares, encuestas, sondeos. Lo que no se mide es como que no existiera. ¿Esto implica que la espontaneidad no está sujeta a la medición? ¿Existe un desgaste de las herramientas de medición?

Casi todas estas lentes con las que vemos hoy el universo son creaciones mediáticas.  

¿Si la política norteamericana está condicionada por las mediciones, cálculos, predicciones, hay algo que se oculta o ya los medidores deben cambiarse?

Una cosa es que la gente quiera algo que sea contrario a la sensatez política de las elites (¡cómplices en las manufacturas ópticas y métricas!); y otra cosa es que los augures, se asusten al ver que todo resulta impredecible. 

En Europa ocurre algo parecido. Han surgido opciones desconcertantes:  Partido de la Libertad, Austria; Ciudadanos, España; Front National, Francia; Lega Nord, Italia; Partido del Pueblo danés, Dinamarca; Alterantive für Deutschland, Alemania; Amanecer Dorado, Grecia, entre otros. Las gentes están eligiendo los extremos. Ahí los filtros se activan para quienes se salen de curso y dicen todo lo que piensan y sienten.

No es un fenómeno. Es la verdad develada que no nos mostraban. Pero ahí estaba.  

En Estados Unidos, un país de instituciones rigurosas, hoy se asustan porque alguien proponga cosas, a simple vista,  erráticas, sorprendentes, antiéticas. ¿La política es un reino parecido al paraíso o al infierno? Los advenedizos políticos tampoco son ángeles caídos del cielo, como en el cuento de Amado Nervo. 

Pienso que con el fenómeno Trump, todo el aparato político norteamericano tendrá giros desconcertantes. ¿Por qué deben seguir funcionando solo dos/tres partidos? ¿Cambiará el sistema del colegio-electoral en favor del popular?

La política es una ciencia humana. Quien a ella se mete yerra, y carga y desperdiga todas sus cuitas. 

El universo, aunque sea hechura perfecta, eventualmente, nos  sorprenderá con algún deterioro… con lo cual se refutarían leyes o principios atávicos.

Venimos del Big Bang. ¿Podría debilitarse esa teoría? ¿Nacerían nuevas o se retomarían otras ―ya descartadas― acerca del origen y expansión (o evolución) del universo?

Por otro lado, si ahora el universo parece más pequeño no es porque este se haya encogido. Este sigue siendo igual. Es porque los medios nos hacen creer que todo está muy cerca. 

Sucede igual cuando vemos un planeta por el telescopio. Se ve cerca y pequeño. Pero es grande y está lejos. Toda lente proyecta una deformación de la realidad. La óptica es una ciencia benévola. Pero la magnificación o disminución de las cosas es una cuestión de un grado de ajuste subjetivo. 

La proliferación de medios audiovisuales y digitales no cambia el tamaño de las cosas, solo la percepción de las dimensiones de lo observado.   

Donald Trump es un político como todos los demás… los que ha habido: Bucaram, Mussolini, Berlusconi, y que habrá…. Lo único es que los medios hoy nos los acercan tanto que causan temor, odio, rechazo, simpatía, furor, entusiasmo. ¡Es como mirar a alguien a través de una lupa!

No es la verdad asomada: es la verdad reconfigurada.

Antes, lo fantástico era irreal. Hoy puede palparse, estar ahí cerca, tener color, olor, sabor, rasgos. 

El cine siempre ha hecho ese papel magníficamente: disfrazar, engrandecer, distorsionar o embellecer la realidad. 

¿Nos damos cuenta que somos prisioneros de los medios, de la misma manera que lo percibimos al ver a nuestros hijos ser esclavos de los celulares cuando parecen estar encadenados a estos?

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