Carlos Herrera U.
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La frontera económica del génesis  impuesto por los países desarrollados a los países empobrecidos es omnipresente. Un selecto grupo controla el 90 por ciento de las riquezas financieras del mundo (Naciones Unidas, 2015).  Esto sumado a las graves amenazas militares que siempre estamos expuestos  nos indica escatológicamente un apocalíptico episodio, en el que el hombre se da fin a sí mismo.

Estos países bélicos que aperciben con la destrucción de la especie humana tienen armas de destrucción masiva, nucleares, arsenal de su prepotencia ante el resto del mundo. 

Desde las teorías de Gobineau (1853),  pasando por la ideología nacional-socialista (1940), el apartheid hasta  las propuestas políticas más recientes de Geert Wilders en Holanda, Marine le Pen en Francia,  Frauke Petry en Alemania, Norbert Hofer en Austria, Nigel Farage en el Reino Unido y políticos que promueven la división y la construcción de muros de racismo, ellos no comprenden que existen intereses comunes y de nuestro planeta, y que la existencia de un inmigrante no puede ser rebajada al nivel de la vida animal. 

¿Por qué si yo soy un ciudadano pacífico que habita en Managua, Nicaragua, tengo que estar en peligro de verme afectado si se dan ofensivas nucleares, solo porque Europa y otros países además de su turbulento registro de horrendos conflictos, decidieron aumentar la probabilidad de ese riesgo al ellos tener esas armas?

Si los europeos en promedio son los que más viajan alrededor del mundo y se jactan en sus reuniones sociales acerca de las experiencias vividas y su hegemonía económica y científica, no pueden tolerar inmigrantes en sus países. ¿Será acaso miedo a los mensajes del subconsciente y de las ecuaciones kármicas de su historia? 

¿O es que el recuerdo de las dos últimas guerras mundiales se les ha borrado de la mente y más aún el hecho que sus países fueron en su mayoría apoyados también por mano de obra extranjera en su reconstrucción? 

Quizás es que el tiempo y sus reservas puras se agotan y olvidan su responsabilidad con el mundo en los periodos de saqueo, esclavitud y aniquilación. 

Por otro lado, seguimos sufriendo de un síndrome post-colombino, en el cual alabamos todo lo producido en países supuestamente más desarrollados y despreciamos nuestro talento y potencial local. Estamos enamorados de lo rubio, ojos de color y nos olvidamos de nuestra condición universal y comprensión de la belleza. 

Hemos perdido nuestra identidad cultural e intelectual. Somos considerados primitivos por tener problemas mutuos como la pobreza, somos supuestos salvajes por no crear tecnología avanzada,  aparentemente practi camos únicamente el arte de vivir (Frankl, 1946). 

Cuando nosotros habitamos otros lugares, nos adaptamos, cuando ellos visitan nuestras tierras tienen la marcada tendencia de decirnos qué hacer, de pensar en nuestra forma de vida como subdesarrollada y de criticar nuestra cultura con respecto a la robotización del tiempo y conocimiento. Sin embargo, son bienvenidos y gozan de nuestra hospitalidad.  En nuestra historia, nos han invadido,  vienen políticos y agencias internacionales a planificar y dictar el destino de nuestro pueblo, todavía ingenuo, pero altruista.  

Nos  estudian y solucionan nuestra pobreza sin saber qué significa la misma. La pobreza  no es una experiencia étnica de algunos meses en alguna zona desfavorecida, tampoco es multidimensional, o un modelo econométrico multinivel. La pobreza no es el reto de vivir con 20 dólares a la semana, no es un experimento, es una causalidad heterogenia, derivada del bienestar de pocos a costillas de la gran mayoría. 

Según Pritchett (2014) a Nicaragua le tomaría 489 años igualar el mismo nivel de progreso socioeconómico al del promedio de los países miembros de la OECD, no obstante, considero que ese pensamiento necesita una reforma. Si logramos crecer al 28 por ciento anual, en una sola generación podemos convertirnos la nación más próspera del mundo en términos del PIB per cápita. 

Propongo que se le declare un gravamen  al racismo  para cada extranjero de esos países que nos ponen en riesgo de un desastre como un mensaje claro de que somos un pueblo que busca y llama a la paz. Como una forma de recordarles a los que ya se olvidaron de ser hombres acerca de nuestro sumo nivel consciencia. A su vez, la recaudación de esos fondos sea dedicada a la ejecución de un plan de protección contra desastres nucleares. Para nosotros la protección de nuestro pueblo es una prioridad.

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