Carlos Guillermo Muñiz Bermúdez*
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Con su tradicional dedicación a Nicaragua, la fundación Ortiz-Gurdián patrocina hoy 2 de junio la autobiografía de Roberto Incer Barquero (RIB), un nicaragüense extraordinario.

Este es mi testimonio personal para él y para los que lo acompañaron en sus logros.

RIB fue un Mecenas a quien Nicaragua le debe mucho. Dios le dio una inteligencia y una “chispa” privilegiada que disparaba nuevas ideas diariamente. Apoyó las artes, la educación, la ciencia, y la economía.

También tenía sus peculiaridades que nunca supe si eran de verdad o programadas. Se aparecía en el aeropuerto sin pasaporte, se le fumaba los puros al General Somoza que sólo lo quedaba viendo con una sonrisa y tenía encendidos varios cigarrillos a la vez.

Lo conocí en Copenhague en 1970, donde, solo por mi récord de estudiante me ofreció la Dirección de Estudios Económicos (EE) del Banco Central de Nicaragua (BCN). Pocas personas se toman ese riesgo. Mayor riesgo se tomó en 1973 cuando le recomendó al Directorio del BCN que me nombrara Gerente, a los 28 años.

RIB colaboró con Francisco Laínez (a quien la patria también le debe mucho) en la fundación del BCN, la modernización de la banca y los impuestos, y la eliminación del control cambiario, lo que contribuyó a mayor crecimiento. Nicaragua fue un pionero en estas reformas.

Como presidente del BCN (agosto de 1969 - julio del 1979), RIB dejó un gran legado. Apoyado en la tradición de Laínez y en la transición que Ernesto Fernández manejó con gran tino, consolidó al BCN como una institución de primera.

Fue el gran capitán de la economía en un mar turbulento con las sequías del 72 y del 75; la roya del 76; el terremoto del  72; la recesión internacional del 74; la crisis energética del 73/75 que cuadruplicó los precios del petróleo; y el  terremoto político del 78/79.

Bajo su tutela, Nicaragua tuvo 9 años de estabilidad macroeconómica, y se logró en 1977 un ingreso por habitante de US$2946 (a precios actuales), mayor que el US$2027 del 2015; las exportaciones por habitante (a precios actuales y excluyendo maquila) fueron de US$837 contra US$440 en el 2012, las más altas de los últimos años.

Bajo su liderazgo, y con el apoyo de funcionarios como Róger Valle y Bayardo Herrera, el BCN mantuvo el funcionamiento de la economía durante el terremoto.

En 1971 el BCN inició la liberalización de la política crediticia ante la mejor situación económica del país. Se eliminaron gradualmente los límites de crédito a algunas actividades; se unificaron las tasas de interés de préstamos y se liberaron las de los depósitos, lo que contribuyó a una mayor eficiencia del sistema financiero y mayor crecimiento.

Para que un Banco Central cumpla sus objetivos se necesita tener una organización de primera. En nuestro caso, el pilar del BCN lo ejercía EE. Sus primeros directores fueron Juan José Martínez y Ernesto Fernández, quienes le impartieron la alta calidad profesional que heredé en 1972. Me sustituyeron José Paiz y Luis Durán. Las recomendaciones de política crediticia las formulaban EE y Crédito y Valores, que las ejecutaba. Sus directores fueron Hilario Hooker, Eduardo Quant y Raúl Lacayo.

RIB tenía una visión de un país con instituciones sólidas e igualdad de oportunidades, como condición para un crecimiento económico y social integrado, basado en democracia, educación, productividad, apoyo a actividades catalizadoras de desarrollo y cultura, temas que continúan siendo prioritarios.

Convencido de que la educación es esencial para superar la pobreza, el BCN becó durante su mandato a 210 jóvenes, independiente de su credo político o el de sus padres. Su visión fue de país. Incorporó al BCN y al Gobierno la mitad de los becarios, pero al resto los liberó para el sector privado. Roberto Parrales, Gilberto Perezalonso y Esperanza Guerrero fueron los pilares de este programa.

RIB tenía la convicción de que Nicaragua tenía que aumentar su productividad. Bajo su dirección, el BCN promovió programas de asistencia técnica a la agricultura y a la industria y estableció la Zona Franca. Fernando Sequeira, Frank Robleto y Lucía Medina fueron claves en este esfuerzo, en el que también colaboraron Ramiro Ortiz y René Morales.

Consolidando una iniciativa de Ernesto Fernández, RIB fundó el Fondo Especial de Desarrollo que canalizó recursos de instituciones internacionales al café, la ganadería, la industria y el turismo. Mario Alonso, René Jarquín, Álvaro Ramírez, Julio Mayorga, Noel Lacayo y Jorge Montealegre Somoza desarrollaron estos programas.

La Biblioteca del BCN apoyó nuestro desarrollo cultural, económico y social. Noel Lacayo y Jaime Incer merecen crédito en este logro. El Dr. Arnoldo Alemán y Noel Ramírez inauguraron el edificio que hoy reconoce su legado.

A pesar de su talento, los éxitos de RIB no hubiesen sido posibles sin el apoyo del personal del BCN que escogió sin distinciones políticas, desde los profesionales, los funcionarios de gran experiencia, los pasantes, las secretarias, los vigilantes y los choferes.

Por espacio no los puedo mencionar a todos pero sí les mando mi respeto y agradecimiento, por su contribución a que el BCN fuera una institución líder no solo en Nicaragua, sino en América Latina durante los años 1960-70.

Mi reconocimiento también a León Debayle, quien, desde el antiguo Banco Nacional, inició el programa de becas pensando en el futuro; y a Francisco Laínez, quien le imprimió al BCN su fortaleza técnica, influencia y probidad.

Como dije, RIB es una persona extraordinaria. Cualquiera de sus múltiples contribuciones le dan un lugar de honor en nuestra historia, pero su mejor legado para la juventud que no lo conoció son su creencia en la educación y excelencia académica, su bondad y su probidad y ética como funcionario público.

Dr. Incer: Ahora que está con Dios no se olvide de nosotros.


*El autor colaboró con RIB en el BCN

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