Gustavo-Adolfo Vargas *
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La Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), se creó en 1945, cuando el mundo resurgía de la Segunda Guerra Mundial. Según sus fundadores la Organización debía desempeñar un papel vital en la búsqueda de la paz; señalando en el preámbulo de la Constitución la necesidad deliberar al mundo de la miseria.

Eliminar la miseria es esencial para una paz duradera; setenta años después de la creación de la FAO, la comunidad internacional ha reforzado esa idea con la adopción de la Agenda 2030, para el Desarrollo Sostenible, basada en la premisa de que no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.

El vínculo entre la alimentación y la paz fue también la base de la concesión del Premio Nobel de la paz (1949) John Boyd Orr, también conocido como Sir John Boyd Orr, el primer Director General de la FAO; quien afirmó: “El hambre está en el centro de todos los problemas del mundo.

A menos que las personas tengan que comer, los tratados se quedaran en nada”.

Por eso la seguridad alimentaria es primordial para la paz, el hambre debe ser considerada una cuestión de seguridad mundial. En un mundo globalizado, en el que todo lo que pasa en un lugar del mundo afecta al resto; las medidas de estabilización de precios de los alimentos y las redes de protección social son instrumentos fundamentales para la prevención de conflictos violentos.

El director general de la FAO, José Graziano da Silva, señaló a la comunidad internacional de la imperiosa necesidad de afrontar el tema de la inseguridad alimentaria en el sentido más amplio del término.

En el mes de marzo Graziano da Silva, llamó al Consejo de Seguridad de la ONU, a poner de relieve la relación de interdependencia entre hambre y conflicto, así como su influencia en la desestabilización de las sociedades y el agravamiento de la inestabilidad política.

El Consejo de Seguridad instó a la FAO, a mantener informados a sus miembros, de la situación alimentaria en los países más críticos; erradicar el hambre no es solo una obligación moral, sino una necesidad trascendental para garantizar un futuro para todos. Mejorar la seguridad alimentaria ayudará a construir una paz sostenible y a prevenir conflictos futuros.

Las acciones para promover la seguridad alimentaria, pueden ayudar a prevenir las crisis, mitigar su impacto y fomentar la recuperación posterior. Con la prevención habrá que abordar las causas más recónditas de los conflictos del hambre y la inseguridad alimentaria.

El postconflicto de Angola y Nicaragua, la situación de Ruanda, después del genocidio, y la de Timor Oriental posterior a la independencia, son otros casos que nos muestran que la paz y la seguridad alimentaria, se refuerzan mutuamente. De lo contrario, la situación desembocaría en violencia.

El fracaso para impulsar la seguridad alimentaria, pondrían en peligro los procesos de estabilización, este es un riesgo al que se enfrentan actualmente Yemen y la República Centroafricana, donde la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria.

La promoción del desarrollo rural, es una iniciativa que puede también facilitar los impulsos de construcción de paz. Los esfuerzos de internacionales en favor de la paz, serán más efectivos si incluyen medidas para orientar e impulsar a las familias y comunidades rurales, siendo ellos los más perjudicados en sus medios de vida por los conflictos.

La falta de alimentos o capacidad de adquirirlos (por la pobreza) es una de las amenazas a la seguridad y a la vida de las personas, atiza más el enfrentamiento y alarga más los conflictos.

En el centro de multitud de conflictos, el hambre debe ser considerada para todos una cuestión de seguridad mundial. No puede haber paz sin seguridad alimentaria, ni seguridad alimentaria sin paz. Son dos conceptos que se refuerzan mutuamente y los dos son interdependientes.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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