Jorge Eduardo Arellano
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Del 22 al 30 de mayo estuve en Japón, donde impartí dos conferencias sobre Rubén Darío. La primera ––leída en el Instituto Cervantes de Tokio el jueves 26–– tuvo de título “Rubén Darío transatlántico (Aproximación esencial a su obra)”. Con ella cerré el simposio organizado por dicho Instituto y la Embajada de Nicaragua, mejor dicho, por esa pareja ideal que conforman los profesionales e intelectuales Saúl Arana y Ana Patricia Elvir. A ellos, y a la Fundación Japón, les debo mi segundo viaje (el anterior tuvo lugar en octubre 2002) a la tierra del Sol Naciente.

Palabras de Antonio Gil, director del Cervantes en Tokio, iniciaron el simposio, seguidas por las del Embajador Arana, quien además leyó el mensaje desde Nairobí del dariano y diplomático japonés Naohito Watabane. Nuestro gran amigo Naohito vivió en Nicaragua casi diez años, quedando seducido por la revelación poética del cosmos que es nuestro país; experiencia que le facilitó traducir al japonés dos obras de Darío: Azul… y El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical. “Con su vigorosa imaginación ––observó Watanabe––, Darío incorporó lo exótico del Japón al modernismo hispanoamericano, trascendiendo el tiempo y el espacio, dado que su comprensión de la cultural, filosofía, literatura, historia e idiosincrasia japonesas eran muy profundas”.

Antonio Gil intervino de nuevo leyendo, con su distintivo acento castellano, el celebérrimo apólogo “A Margarita Debayle”. En seguida, Carlos Marzal ––laureado poeta español, establecido en Valencia–– disertó sobre “Rubén Darío y la poesía moderna en España”, nuestra cónsul en Japón la doctora Elvir leyó el soneto alejandrino de la segunda edición de Azul…: “Walt Whitman” y el hispanista japonés Norio Shimizu desarrolló el tema: “Rubén Darío y las fuentes japonesas a la luz del marco modernista”. A continuación, el embajador de Chile Patricio Torres declamó ––no sin antes explicar su contexto histórico–– otro soneto alejandrino procedente de la segunda edición de Azul…: “Caupolicán”; y la profesora japonesa Enma Mishida analizó “Autumal”, llegando a la conclusión de que consiste en un poema gráfico.

Como afirmé, fui el último en tomar la palabra, pero mi exposición resultó la más extensa. “Es un portento” calificó a su autor el director del Instituto Cervantes. “Usted tiene pasión y estilo” le expresó el embajador de Argentina. Las motivaciones básicas de la poesía dariana ––visión del arte y concepción de la poesía, angustia existencial, erotismo trascendente, sincretismo religioso y dimensión sociopolítica–– fueron ejemplificados con la lectura de oportunos poemas representativos. Además, se puntualizaron las etapas fundamentales del nicaragüense universalista: la americana (1880-1898) y la europea (1898-1916); su conciencia cosmopolita, su vasta obra en prosa ––viajera y crítica––, su papel de iniciador del cuento moderno en Hispanoamérica, su credo ideológico sustentado en la latinidad, su liderazgo transatlántico del modernismo y su categoría de padre de la poesía moderna en lengua española, entre otros aspectos fundamentales.    

“Ni torremarfilista, ni esteta apolítico ––reiteré––, sino un pensador progresista, un cantor de nuestra América, un hombre acosado por los problemas del planeta y la existencia, fue nuestro Rubén Darío, cuyo inmenso corpus literario es irreductible a cualquier interpretación excluyente y admite múltiples lecturas críticas”. Con un repertorio de preguntas a los cuatro ponentes y acertadas respuestas de los mismos, concluyó el simposio, siguiendo un brindis ofrecido por la Embajada de Nicaragua, profuso de bocadillos a la japonesa y variedad de bebidas, presidiendo nuestro Ron Flor de Caña twelve years old.

Mi segunda conferencia ––leída el 27 de mayo en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto–– la inicié con un “buenas tardes a todos” en japonés (minasan konnichiwa). Más de doscientos alumnos escucharon atentos  ––y algunos atónitos–– la conferencia titulada: “El orientalismo nipón en Darío y Gómez Carrillo”. Yoko Kawaguchi fue la excelente traductora. Al finalizar, cinco estudiantes hicieron preguntas, entre ellas, la de donde radicaba la alusión de Darío al erotismo de las japonesas. “En los pies” fue la contestación.

Para mí fue muy satisfactorio este segundo evento, durante el cual recibimos las finas atenciones del personal de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto. Su presidente, cónsul honorario de Nicaragua en la misma ciudad, profesor Yoshikayu Morita, invitó a la delegación nicaragüense a una cena memorable. Sin duda, los promotores del simposio y de la conferencia homenajearon brillantemnete a Rubén Darío a los cien años de su desaparición física, contribuyendo a difundir su significación histórico-literaria en el ámbito japonés. Arigato Gozaimazhita.

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