Salomón Manzanarez Calero
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Un jovencito airado, eufórico, luce desafiante en la pantalla del televisor, aferrado en decir que corran a la directora del Instituto Carlos Vega Bolaños, de Masaya, argumentando que “no sirve”. ¿Y quién es él? ¿Y por qué? Porque no se les cumple un capricho, usar camisas de otro color, y supongo que con consentimiento de sus padres, para que actúe de esa manera. 

Ley sobre uniforme escolar único, Decreto No. 77, Publicado en La Gaceta No. 15 del 21 de Septiembre de 1979, en el Arto, 2 dice: “Todos los estudiantes del país estarán obligados a utilizar un mismo tipo y calidad de uniformes con las siguientes características generales. Varones: Pantalón largo color azul oscuro, camisa manga corta de color blanco y zapatos color negro, Mujeres: Falda o pantalón de color azul oscuro, blusa manga corta color blanco y zapatos color negro. En una reforma en enero del 2008, se establece en el Arto 5 la prohibición de establecer cualquier otro distintivo en el uniforme escolar.

Algunos colegios religiosos tienen reglamentos particulares. Más rígidos aún. Los de Masaya quieren ser absolutos, dejando de lado a las autoridades. Si es por distinguirse de los otros años, no está malo, lo triste es querer pasar por encima de reglamentos. 

En el año 2015, autoridades del Instituto Nacional Leonardo Matute, en Ocotal, orientaron el uso del uniforme oficial, para mejor imagen institucional, evitar violencia escolar y el uso de droga. Es cuestión de orden. Alguien dijo: “Señoritas, el maquillaje para la fiesta, a la escuela se llega a estudiar”.

Es repugnante el irrespeto que se mediatiza, mal ejemplo y patrón conductual en otros estudiantes que aún conservan el respeto a los mayores, a sus padres y al maestro, que es su guía en la educación, en su segundo hogar: la escuela. Aquí hay caprichos que sí deben cumplir: excelentes estudiantes y ejemplares dirigentes estudiantiles. Binomio de vanguardia. 

Los gritos, los gestos, las palabras y los sentimientos del estudiante crean repugnancia, al menos en mí, porque quienes tenemos la grata experiencia de compartir conocimientos con los muchachos universitarios, nos damos cuenta de la carencia de valores en el hogar. Muchos viven en familias disfuncionales, donde el papá es el eterno ausente, la mamá buscando la felicidad, se llenó de hijos creyendo en otro hombre mentiroso. 

No se imaginan cuanto irrespeto y vulgaridad ocurren en el aula, muchos dirigidos hacia los maestros y estudiantes. Hay ocasiones que imposibilita hacer algo, de llamarles la atención: "¡Niña, ese comportamiento no es el adecuado con los compañeros! ¡Jovencito, por favor no use su celular durante la clase o el examen!" "¿Cuál es su nombre?", preguntó el docente. Ella desafiante: "¡Como me puso mi mamá!" Si les llamás la atención fuerte, podés violentar sus derechos.

El Ministerio de Educación, Mined, es el rector estatal de velar por la excelencia de la educación. Pues desde 1960, se habla de los deberes del estudiante, “trato respetuoso y cortés a los maestros y autoridades y demás miembros, prestarse mutuas consideraciones entre compañeros, y atender las orientaciones del maestro”

Así la formación de buena calidad, el cumplimiento de las normativas, la amistad y los consejos que aprenden en la escuela es base fundamental para la universidad. Mientras al Mined le corresponde cumplir los objetivos, hacer la combinación perfecta entre teoría y práctica, invertir y aprovechar el tiempo en el proceso enseñanza-aprendizaje, donde el profesor es el guía y el estudiante ser humano, inteligente, respetuoso y autogestionador. 

*Periodista

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