Augusto Zamora R.*
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Su traducción es “el amante de la risa”. Es una antología de chistes, a cual más variada, cuya gran particularidad es que fue escrita entre los siglos IV o V de la era cristiana.

Su otra singularidad es que recoge chistes, algunos de los cuales siguen repitiéndose, siendo mudo testimonio de que la especie humana, en lo humano, varía poco, casi nada.

El peluquero pregunta: “¿Cómo quiere que le corte el pelo?”. El cliente responde: “En silencio”.

Parece actual, pero fue recogido hace la bicoca de 1,600 años. Casi nada.

Un tipo le dice a su amigo: “Anoche me acosté con tu mujer”. A tal afirmación el amigo contesta: “Yo soy su marido y tengo que hacerlo, pero tú, ¿qué excusa alegas?”. Un chiste similar lo contaba un humorista estadounidense en el siglo XX.

Cada cultura desarrolla su propio sistema de humor. La cultura latina-romana desarrolló el suyo, que un anónimo escribano recogió para la historia hace dieciséis siglos.

Nosotros, latinos singulares, heredamos, vía Hispania, no solo la cultura, sino también el humor latino. Hispania fue la provincia más romanizada del Imperio Romano.

Esa Hispania llegó a América, aunque historiadores mentecatos se nieguen a contarlo.

Un tipo está abochornando a un borracho porque ha perdido la noción de la realidad al beber más de la cuenta. El borracho contesta, indignado: “Mira quién habla… El tipo que tiene dos cabezas”.

¿Es nuestro humor, o no? Vivir para contar historias también nuestras.

az.sinveniracuento@gmail.com

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