Álvaro Fonseca
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¿Por qué urge una ley de cambio climático? Nicaragua es uno de los 10 países del mundo más dañados por el clima. Entre 1991 y 2010 hubo 43 eventos climáticos (ondas tropicales, depresiones, olas de calor, sequías, huracanes, etc.) que afectaron Nicaragua causando pérdidas iguales al 1.9%  del producto interno bruto por año. Esta es una carga muy pesada para cualquier país. El cambio climático es una realidad de la que no podemos escapar. Enfrentarlo requiere  establecer una dirección en la cual confluyan los esfuerzos del gobierno y los ciudadanos.  

La ley que se apruebe no  debe limitar el crecimiento económico, sino fomentar condiciones para actividades no destructoras de la naturaleza. El cambio climático tiene dos particularidades. Por un lado es un fenómeno que nos afecta a todos. Por tal  razón, esta ley debe garantizar la participación de las principales instituciones públicas, junto con la empresa privada y otros sectores sociales, incluyendo pueblos indígenas y pequeños agricultores. Por otro lado, adaptarnos al cambio climático impone dos cosas: la cooperación y los cambios de conducta. En tal sentido la ley debe impulsar alianzas entre el estado y la sociedad, y por otro lado debe fomentar la toma de conciencia y la educación ambiental para ir generando cambios de comportamiento. 

La ley debe considerar la creación de una Comisión o Consejo de Cambio Climático con funciones reguladoras, y no simplemente consultivas, adscrito o presidido por la Presidencia de la República, con participación pública y privada, y con presupuesto propio. Este Consejo debe encargarse de formular y supervisar la Estrategia y el Plan Nacional de Cambio Climático. Solo así las acciones que se propongan tendrán el suficiente poder y consenso para incidir en la realidad.   

Asimismo la ley de cambio climático tiene que tomar en cuenta las características del país. Por ejemplo el Segundo Informe Nacional de Gases de Efecto Invernadero (2008) señala que el sector que más contamina es el  sector Uso de la Tierra y Cambio en el Uso de la Tierra. Este sector emite el 78.8% del total de gases contaminantes de Nicaragua y la actividad que más genera este daño es el despale, principalmente el despale de las reservas de Bosawas e Indio-Maíz. 

Detener el despale y fomentar la regeneración natural de los bosques debe ser la prioridad del Plan Nacional de Cambio  Climático. Debe establecerse un plazo y destinar los recursos  para parar de una vez por todas la destrucción sin sentido de Bosawas e Indio Maíz, no solo porque vamos a contaminar menos, sino principalmente porque al conservar los bosques conservamos el agua para la gente, la agricultura, el turismo y otras actividades productivas y recreativas.

Finalmente esta ley debe priorizar la adaptación por encima de la mitigación. Esto es lo que hacen todos los países pequeños como nosotros, incluso países medianos como México y Brasil. La ley guatemalteca de cambio climático destina el 80% de su Fondo Nacional de Cambio Climático a actividades de adaptación.

*Experto en ambiente y desarrollo rural
alvaro_fonseca_zamora@yahoo.es

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