Erick Aguirre
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

No olvido el día en que el maestro Guillermo Rothschuh Tablada me obsequió una pequeña colección de ensayos de distintos autores: teóricos y críticos paradigmáticos del llamado estructuralismo y del posestructuralismo.

Creo que fue en 1988 o 1989, en la redacción del semanario La Crónica, y aunque yo tenía suficientes referencias de su entonces ya legendario y multidisciplinario magisterio, no imaginaba que me estaba enlistando en una especie de tradición iniciática que ya incluía a muchas personalidades descollantes de Nicaragua.

Siempre he tenido la impresión de que entonces él estaba tratando de darme una especie de guía. Según me dio a entender, leía con atención mis publicaciones en los diarios y suplementos, especialmente mis artículos, en los que debe haber resultado inocultable una pueril pretensión de severidad crítica. 

No recuerdo muchos detalles de aquel breve diálogo. Solamente aquella honrosa certeza de contar con él como lector y algunas palabras de aliento para seguir escribiendo, y por supuesto mejorando.

No mucho tiempo después comprendí el guiño que significó aquel obsequio. Con ese breviario de teoría literaria Rothschuh estaba insinuando que mis lecturas marxistas eran evidentes o que afloraban quizás con cierta candidez en los análisis a los que intentaba someter a ciertos autores, ubicándolos con terquedad en sus respectivos contextos sociales, políticos y culturales. 

El guiño contenía, supongo, la buena intención de recordarme que para alguien como yo, que pretendía empezar a ejercer la crítica desde una perspectiva semejante, era ineludible alcanzar al menos un dominio básico de la teoría literaria.

Con el tiempo y las oscilaciones con que uno trata de acomodarse en su vaivén, y gracias a ciertos descubrimientos que me había deparado antes una larga estancia en México, empecé a escudriñar con más atención (partiendo de aquella generosa guía de Rothschuh) las distintas perspectivas desde las que, de cualquier forma, ha sido posible hasta ahora aproximarse al fenómeno humano de la literatura.

Por supuesto que tal escudriñamiento ha sido el de un aficionado a las letras que tiene la relativa ventaja de ser periodista, y tiene la oportunidad o la buena suerte de dedicarse a reseñar libros u opinar sobre cultura en los periódicos; o bien el de un aplicante tardío en la no necesariamente limitada dinámica académica del tercer mundo.

Lo cierto es que, gracias al guiño providencial del maestro empecé a acostumbrarme al cotidiano enfrentamiento, en el ejercicio crítico, con una quizás dialéctica dicotomía que parece tender a disociar dos procesos que a veces se cruzan pero que en principio no están muy relacionados: el de criticar (que es juzgar, analizar, interpretar) y el de teorizar (que es observar, considerar, deducir) sobre literatura.

Supe entonces que para hacer crítica literaria, o para examinar y valorar un texto literario no basta con apoyarse en una base empírica o emitir consideraciones generales o abstractas sobre la hipótesis de su proceso de creación. Es necesaria una mayor atención al desarrollo de las ideas estéticas y acerca del lenguaje a lo largo de la historia, y cierto conocimiento de las líneas de influencia que intervienen en la configuración de determinado pensamiento literario.

Con lo dicho se podría pensar que la enseñanza de Rothschuh Tablada para mí se ha limitado a la experiencia crítico-literaria o ensayística. Pero no. Como dije, el valor de su presencia entre nosotros durante casi una centuria ha sobresalido por virtuoso y multidisciplinario. 

El maestro Rothschuh posee las virtudes a las que siempre he aspirado y que he admirado en un verdadero intelectual: poeta riguroso, erudito, dúctil, coloquial y espontáneo al mismo tiempo, o en etapas sucesivas y variables; prosista de garbo y de sobria y también erudita elegancia; dueño y señor de su propio lenguaje; y enseñador o enseñante animoso, certero, generoso, socrático, de sus vastísimos conocimientos y su larga experiencia como intelectual.

He sentido el deber de prolongar algunas líneas escritas recientemente en honor a los noventa años de su fructífera vida; pero tiempo y espacio nunca ajustarán para estas lides en el protocolo y la formalidad de los homenajes. Prometo sin embargo continuarlo en el propósito trazado desde el día en que me obsequió aquel breviario, y seguir escribiendo y mejorando.

* Escritor y periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus