Augusto Zamora R.*
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Un experimento de años de la Universidad de Londres, entre taxistas que utilizaban GPS y otros que no, concluyó con resultados dignos de considerar.

Se medía el efecto del uso de tecnologías en el cerebro humano. El experimento mostró que el cerebro de los taxistas con GPS se había reducido, comparado con los que se guiaban usando su memoria, es decir, su cerebro.

El GPS sustituye al cerebro, pues lo limita a seguir sus indicaciones. La haraganería debilita el hipocampo, área del cerebro que permite consolidar memoria y aprendizaje.

El experimento venía a demostrar que el uso de tecnologías reducía la materia gris, corroboración del hecho sabido de que órgano que no se usa termina deteriorándose.

Hace un siglo, un científico ruso afirmó que el cerebro es como un músculo. Su uso lo fortalece, como el deporte hace que se fortalezcan los músculos, cualquiera de ellos.

También está demostrado que el mantenimiento de hábitos de aprendizaje (lectura, escritura, oficios, artes) reducía el efecto del Alzheimer o evitaba su aparición.

Antes de la invasión tecnológica debíamos aprendernos direcciones y números de teléfono, de la misma forma que debíamos exprimir naranjas o cocinar los alimentos.

Ahora, entre alimentos precocinados, washapos y demás hasta hemos perdido la capacidad de escribir. No digamos ya la capacidad de orientarnos o, incluso, pensar.

Terminarán, las sociedades avanzadas, siendo máquinas pegadas a máquinas. Por estos lares subdesarrollados queda tiempo. Los sabios terminarán pobres, pero no tontos.

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