Orlando López-Selva
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Cuando vemos el debate público que mantienen líderes británicos, antes del referendo del 23 de junio, para decidir si se quedan o no dentro de la Unión Europea (UE), impresiona ver el enorme y significativo valor que tiene la democracia para este reino.

Prevalece el valor firme de la democracia, como mecanismo civilizador y como validador del consentimiento del gobernado, que evita las dictaduras.

De ello, los británicos se sienten muy orgullosos. Hace ya mucho tiempo un intelectual inglés afirmaba que mientras Francia se podía sentir muy orgullosa de su cultura, e Italia de su arte, Gran Bretaña lo podía estar de su democracia.

Y es que la democracia no es solo un simple mecanismo para el manejo ordenado y equitativo del poder público. La democracia es un elemento civilizador que sustenta y refuerza a los diferentes estratos sociales que dirimen sus problemas mediante el diálogo.

Desde el Primer Ministro David Cameron (conservador), pasando por los líderes de los otros partidos políticos, Tim Farron (liberal), Jeremy Corbyn (laborista) o Nigel Farage (nacionalista), todos han planteado cívicamente su posición.

A nadie intimidan. Están seguros del valor del civismo y de sus argumentos. Tratan de persuadir y de convencer a los indecisos, para que el referendo diga sí o no deben salirse de la UE.

Cada quien cree tener un trozo de la razón. Y en la medida que se oyen todos los argumentos, los ciudadanos se educan y refuerzan sus decisiones acerca de la postura que deben tomar.

Nadie cree, conscientemente, que las diferencias se deban resolver por otro medio que no sea el respeto a la voluntad popular. Tampoco el gobierno ha forzado a los empleados públicos a marchar por las calles. O ha amenazado con despedirles si no coinciden con la posición gubernamental.

Tampoco la Reina Isabel II ha exteriorizado opiniones sobre este asunto, siendo ella la Jefa del Estado británico.

La sabiduría de la reina es elocuente.

Sencillamente, es un asunto de los ciudadanos que saben que si son consultados, nadie irrespetará su voluntad. 

El primer ministro David Cameron ha confirmado ese refinado carácter inglés en sus comparecencias parlamentarias, donde  siempre rinde cuentas de todo lo que hace y dice. Es racional, cívico, respetuoso, tolerante, persuasivo.

Nadie ha visto que haya fuerzas policiales en Londres (¡que creo ni pistola portan!) reprimiendo a los que tienen posiciones opuestas o controversiales.

Los debates televisivos, en los diarios, radios y las otras plataformas digitales son continuos, cívicos, e intensos. Todo mundo opina. Nadie acalla. Nadie censura. Nadie impone.

Si los ciudadanos de ese reino deciden permanecer o no en la UE, sin dudas, habrá repercusiones políticas, económicas, financieras, sociales y de seguridad para la Comunidad y resto del mundo. Los ciudadanos decidirán; muy respetuosamente, las autoridades cumplirán.

Y en Occidente, cuyo gran estandarte es la democracia, que recibe muchas críticas, nadie se siente mal porque se le cuestione o ataque. ¿Por qué, los desafectos a la democracia, agreden o atacan cuando se les cuestiona?

¿Qué buen precedente pueden dejar sentado los intolerantes y fanáticos?

La democracia es un sistema no solo de derechos, oportunidades y deberes. Es también un sistema de valores, en el cual, el estado de derecho, las elecciones libres y periódicas entre contendientes de diversos credos, el régimen de las libertades, el consentimiento del gobernado y la economía libre, son pilares de esa obra llamada civilización.

Los británicos nos están enseñando que las decisiones controversiales no las impone nadie; se le consultan al pueblo libre y soberano. 

Solo en las democracias hay ciudadanos libres. Ahí las personas dicen lo que quieren, hacen lo que desean, se asocian con quienes escojan, se desplazan por donde gusten. No viven atemorizados. No se sienten intimidados por el poder gubernamental que espía, persigue y reprime a sus ciudadanos para someterlos.

Lo bueno de esto es que también percibimos que la civilización es una condición o categoría por encima de las ideologías (¡Esas creencias mentecatas que dicen que el mundo solo puede y debe ser visto como los políticos la conciben!).

Los británicos, en tres siglos, han sido el único pueblo europeo que no ha consentido tiranos. 

Si no estuviera David Cameron en el poder o lo fuere un liberal o un socialista, la postura británica sería la misma: de respeto, diálogo, tolerancia, civismo.

Es una condición muy dignificante de la que se enorgullecen. 

¿En los países menos desarrollados no deberíamos impulsar la enseñanza de valores que propicien más a la nación que al credo partidario? 

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